Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres

En un periodo personal de cambios radicales en mi vida, de búsqueda desesperada de mi identidad individual, arrastrando en mis espaldas una dolorosa separación matrimonial, después de diecisiete años de convivencia, encontrarme con la lectura de este texto, y en concreto con este capítulo, ha sido para mí, toda una inyección de entusiasmo y esperanza, además de ser una lectura muy reveladora. Digamos que este instante, aquí y ahora, es mi momento personal para leer, asimilar, comprender y aplicar todo lo que la autora comenta sobre el fenómeno de la autonomía en las mujeres, y lo sutil y compleja que resulta experimentarla auténticamente en nuestra cotidianidad. Es fácil vivir sin ella y muy dolorosa su reconquista por parte de las mujeres.

La autora me hace tomar conciencia de lo lejos que estamos de la posesión de nuestra autonomía en todo su significado. No había pensado en ningún momento, cuan complejo y completo resulta el término, y qué de cosas dejamos de lado en el proceso mismo de intento de búsqueda de nuestra autonomía.

Me hago consciente así mismo, de que al tratarse de una lucha compleja para las mujeres, intentamos ir tomando posiciones en diferentes entornos: la familia, el trabajo, la pareja…pero esto no es más que acepciones parciales de “conquista”, que nunca llegará a ser un esencia real y completa de nosotras mismas, si no nos la tomamos en serio.

A lo largo de la primera parte del texto de Marcela Lagarde, se hace un extenso enfoque pero en lenguaje claro y cercano de cómo ha sido el proceso de búsqueda y conquista de la autonomía para las mujeres a lo largo de la historia. Qué significa esto en la vida cotidiana de cada una de nosotras, y cómo se trata de un proceso personal e individual, que todas y cada una debemos poner en marcha, pero que se hace extensivo al resto de mujeres, y concretamente también al resto de la humanidad.

Hace un análisis detallado del término y que relaciona con otros términos no menos importantes como “dependencia/independencia”, “egoísmo”, “Autoestima”, “individualidad”, “autosuficiencia”…que nos permite aclarar algo más si cabe el concepto de autonomía y todos los procesos a los que va a aparejado. Procesos vitales, sociales, sexuales, psicológicos, culturales, filosóficos, ideológicos, estéticos, lúdicos, políticos, linguísticos, que se producen en cada círculo particular. Porque todos estos procesos no pueden cambiarse de forma radical y simultánea. Sin embargo, es un conquista que debe hacerse progresivamente en todos ellos.

Para las personas que nos dedicamos al terreno de la educación y a la dinamización de grupos de mujeres, éste es un magnífico material de trabajo que fomenta la discusión y reflexión entre nosotras; también apto para población adolescente y juvenil, desde el cual ir planteándonos el cambio de estereotipos y mentalidades.

Hablaba la autora en el principio del capítulo de que “interesa que todas las teorías sean apropiadas por cada persona, que le sean ajenas…que tenga que ver con su propia experiencia…que le sirvan de clave para vivir”. Creo que estas palabras resumen a la perfección lo que pretende hacerse con esta publicación. Debe servir a las mujeres de hoy. Es necesario que la reflexión descienda a nuestras vidas concretas, y transforme la realidad entera del resto de las mujeres. Pero para ello, debe ser una teoría viva y vivida.

Prosigue la autora explicando que la autonomía no puede ser considerada un fenómeno abstracto que exista desde siempre, ni mucho menos, un derecho adquirido para las mujeres. Casi al contrario, se trata de una necesidad incomprendida. Es un proceso, nada fácil, que todas nosotras deberíamos ir construyendo paso a paso, además de conseguir que otros/as lo vean como algo legítimo. Me ha llamado especialmente la atención, las argumentaciones desarrolladas casi al final del capítulo sobre el concepto de culpa que parece innato en todas nosotras, siempre que ponemos en jaque al sistema patriarcal. Una culpa invasiva que nos hace sentirnos las peores mujeres del mundo, cuando decidimos abandonar un hogar de maltrato, o cuando nos apetece disfrutar de nuestros cuerpos, o cuando pensamos en comprarnos algo para nuestro capricho, o cuando decidimos por un instante de nuestra jornada que “hoy voy a ser por un momento, el centro del mundo”. Esos sentimientos de “egoísmo para la supervivencia” son necesarios en algun momento de nuestra vida, si realmente nos hemos tomado en serio la conquista de nuestra autoestima. Este egoismo, - explica la autora-, no significa suprimir los derechos de nadie ni explotar a nadie. Simplemente significa, ir defendiendo nuestro territorio, porque nadie lo va a hacer por nosotras. Y añade que por supuesto, la conquista debe ser sólo nuestra, aunque indudablemente implique pérdida para otros, los varones. Pero se trata de una pérdida de poder, de prestigio, de dominio. Quizás sería más conveniente no hablar de pérdida de nada, (porque nunca debieron tenerlo en exclusividad), sino de un reparto equitativo de derechos y de responsabilidades. Destaco literalmente estas palabras de la autora cuando dice se trata de “luchar por un conjunto de derechos que compartimos con los hombres, pero además requerimos de un conjunto de derechos sólo de las mujeres. Esta especificidad cuesta mucho que sea comprendida por otras personas. Se trata de construir un conjunto de derechos que aseguren un tipo de libertad para las mujeres y esa libertad pasa por la autonomía.”

Voy entendiendo poco a poco este concepto, cuando una vez más, producida la ruptura sentimental tras tantos años compartidos, veo con dolor, que ahora tengo que caminar sola. Tareas tan simples como comprar un colchón o decidir qué adornos colocar en la estantería del salón, eran hasta ahora tareas vetadas o necesariamente compartidas, en detrimento de mis deseos, y cediendo por dejadez, o por facilitar la convivencia posterior. Al principio, en la toma de estas decisiones triviales, me sentía perdida, desorientada. No estaba segura de si haría o no lo correcto…No sabía si me equivocaría o no. Y luego comprendes, que en el peor de los casos, si te equivocas, no pasa nada. Asumiría las consecuencias de mis propios actos, y si era un error, pues vuelves a empezar y asunto terminado. Pero al menos, era yo quién decidía. Cada día voy aprendiendo en mi vida cotidiana, lo que está suponiendo la incorporación de la autonomía plena en ella. No es tarea fácil. Y mucho menos si hablamos de autonomía emocional.

Sería relativamente fácil de entender que una mujer moderna, con estudios universitarios superiores, trabajo estable, ( y por tanto, independencia económica) y capacidad crítica, pudiera presentar algún problema con su autonomía. Pues efectivamente, mujeres de estas características, tenemos muchos y graves problemas con la autonomía, y haciendo una lectura crítica de este documento, te entristece ver cómo son nuestras dependencias. El darse cuenta de esto, es tanto o más doloroso que romper con ellas, ciertamente. Repitiendo la frase de la autora, nos recuerda que “la autonomía es un pacto social, es decir, un acuerdo entre partes”. Si ambas no están por la labor del diálogo o la empatía, no nuestras palabras y deseos quedan en papel mojado.

Me quedo también con esa argumentación de la autora, cuando afirma que es imposible asumir y experimentar la autonomía si previamente dejamos de vivenciar en nosotras, estos estereotipos tradicionales en todos los órdenes de nuestra vida. Literalmente nos dice: “Tenemos que revisar nuestras normas de vida cotidiana en cada relación, en cada momento, en cada espacio y en cada circunstancia. Y tenemos que revisar las normas que tenemos instaladas en la subjetividad como normas divinas”.

Por otra parte, destaco cómo también en los procesos estéticos y lúdicos, vamos construyendo nuestra autonomía. Y las preguntas que se hace la autora, y que yo traslado a mi propia reflexión son: “¿cuál es nuestro horizonte estético? ¿Dónde está la capacidad creadora de las mujeres en el arte? ¿Qué creamos? ¿Para qué creamos? ¿Cómo creamos? A esta última pregunta, tan solo un matiz; creamos cuando el tiempo nos lo permite. Porque priorizamos muchas otras cosas antes de crear. Nos planteamos muchas obligaciones impuestas y aceptadas como propias, antes de dar rienda suelta a nuestra fantasía. Creamos mientras conducimos, mientras hacemos la comida, mientras estamos en el baño, mientras caminamos por la calle…otra cosa será materializar ese arte, en obras concretas. Así que tampoco es fácil la materialización artística, mucho más será plantearnos el contenido de esa obra.

 

María José Rosillo Torralba


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Comentarios: 4
  • #1

    Nancy Olaya Monsalve (martes, 21 diciembre 2010 16:14)

    Hola María José!!! Qué rico volverte a leer. Me encanta porque siento que lo haces desde tu propia experiencia y la iluminas con el texto que estamos trabajando. Comparto contigo la experiencia de sentir culpa cuando estamos exigiendo un derecho, tomando algo que necesitamos, decidiendo desde nuestra propia persona o simplemente, tomando postura frente a un valor patriarcal que ya no nos sirve de nada.
    Gracias por ese compartir hondo y sincero.

  • #2

    Mónica Robledo (miércoles, 22 diciembre 2010 03:34)

    Gracias por compartir tu reflexión, es una gran riqueza tu experiencia de conquista en los detalles cotidianos. Siempre pienso en las luchas de las mujeres, las de antes, las de ahora y agradezco lo que ya se ha logrado y espero que nuestros intentos abran caminos para las/los que vienen. Como dice el artículo es necesario ser un poco mala, o como retomas tú, aprender a disfrutar sin culpas, a decidir, a equivocarnos y a crear. Gracias de nuevo.

  • #3

    nakawe (lunes, 03 enero 2011 15:34)

    Hola María José, destaco y comparto algunos puntos mencionados por ti
    “Lo sutil y compleja que resulta experimentar auténticamente la autonomía en nuestra cotidianidad. Es fácil vivir sin ella y muy dolorosa su reconquista por parte de las mujeres.”
    “Es necesario que la reflexión descienda a nuestras vidas concretas, y transforme la realidad entera del resto de las mujeres. Pero para ello, debe ser una teoría viva y vivida.”
    “Tenemos que ir defendiendo nuestro territorio, porque nadie lo va a hacer por nosotras.”
    “La libertad pasa por la autonomía. No es fácil la autonomía emocional.”
    “Tenemos que revisar las normas que tenemos instaladas en la subjetividad como ‘normas divinas’”. Yo agrego, porque una espiritualidad androcéntrica va fundamentando toda su teología en una visión patriarcal de dios. Y no sólo esto, es además una espiritualidad rígida y moralista.

  • #4

    Beatriz Elena Herrera (miércoles, 12 enero 2011 09:53)

    Hola María José. Me alegra volverte a encontrar en este foro! Me impactó tu reflexión tan aterrizada a la vida y a la cotidianidad. Gracias por lo que nos compartes de tu propia experiencia. Estoy de acuerdo contigo cuando dices que la autonomía es un camino difícil y que puede jugarnos una malpasada cuando nos sentimos orgullosas y seguras de haberla conquistado en algunas dimensiones de nuestra vida, mientras que se hace escurridilla en otras y de forma tan sutil y solapada que casi ni nos damos cuenta, como en el caso de una escondida dependencia que nos resta libertad.