La autonomía como un problema existencial de las mujeres

Al conocer la espiritualidad teresiana una de las cosas que más me impactó fue la centralidad que la persona ocupa en la relación que se establece con Dios. La persona es en esta visión espiritual un ser capaz de Dios, con una dignidad propia y no existe ni se define solamente por su Creador. Esto en mi concepto abre todo un abanico de posibilidades de realización humana y espiritual: tengo una dignidad propia inmanente y ontológicamente dada que no está en primera instancia referida a algo o alguien fuera de mí.

Toda espiritualidad o cosmovisión se vive en un entorno cultural y pasa por las mediaciones de éste; y es aquí donde considero que el aporte de M. Lagarde brinda unas reflexiones interesantes y profundas a varios niveles: lo social, y la autonomía referida como un pacto a este nivel que varias colaboradoras del blog ya han destacado; pero también la autonomía en otro ámbito o nivel: lo existencial, que abarca toda la construcción subjetiva del ser de las mujeres.

Tenemos elementos tanto espirituales, como existenciales e incuso culturales (educación, capacitación) que nos dan herramientas para desarrollar la autonomía sin embargo vivimos esa dicotomía que en muchos momentos nos impulsa a volver al prototipo de la mujer tradicional, referida a los otros, lo Otro, y que coloca en el centro de su existencia realidades diversas.

Cuando M. Lagarde menciona todos estos ámbitos en los cuales se promueve la construcción de la individualidad de las mujeres, con límites, en donde somos protagonistas de nuestra vida; caía en cuenta de que en mi caso personal la espiritualidad teresiana me ha alimentado esta construcción que tiende a la autonomía y a la realización, a la búsqueda del desarrollo de las posibilidades como persona y a la vez al cultivo de una relacionalidad equilibrada que siempre esté alimentada por un cultivo fuerte de la interioridad, del conocimiento propio. En mi interpretación: de un cultivo fuerte y sólido del yo. No creo que Santa Teresa lo dijera en esos términos pero es la manera como he ido asumiendo esta cosmovisión suya.

Es innegable que a pesar de estos elementos que incentivan este desarrollo de la persona a partir del conocimiento propio y del reconocimiento de sí misma, la dicotomía que menciona M. Lagarde también aparece; ella llega a mencionar diferentes ámbitos sociales que promueven esta vuelta al prototipo tradicional: la familia, el trabajo, la cultura y yo diría que también lo religioso y algunas reflexiones que se utilizan para fundamentar valores tradicionales que promueven comportamientos, estructuras, dinámicas que no favorecen la autonomía de las mujeres.

Finalmente me doy cuenta que la espiritualidad que he elegido en mi vida, da elementos para el desarrollo de mi autonomía como mujer, y a la vez a partir de esta lectura constato realidades que no promueven mi autonomía. Como educadora se me abre un compromiso de adoptar una postura crítica frente a valores culturales y estructuras muchas de ellas mencionadas y otras sugeridas por M. Lagarde que en muchos momentos suscitan procesos de dependencia y de limitación de las posibilidades de desarrollo de la autonomía de las nuevas generaciones y la mía propia.

 

Claudia Guzmán

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Comentarios: 4
  • #1

    Nancy Olaya Monsalve (martes, 28 diciembre 2010 19:51)

    Claudi, tienes razón, cargamos a cuestas cada una de nosotras una fuerte socialización en la línea de buscar fuera, en otras/os, en las instituciones y grupos de referencia nuestra identidad. Este movimiento de enajenación es totalmente opuesto a la dinámica teresiana de encontrar en sí mismas tu anclaje. Me gustó tu comentario. Un abrazo.

  • #2

    nakawe (lunes, 03 enero 2011 15:30)

    De acuerdo, Claudia, tenemos algunas herramientas para ir ensayando la autonomía. Y, sin embargo, vivimos esa dicotomía que, en muchos momentos, nos impulsa a volver al prototipo de la mujer tradicional, carente de autonomía. De ahí la necesidad de estar alertas desde un espíritu crítico y vigilante.

  • #3

    Mónica Robledo (lunes, 03 enero 2011 15:53)

    Me parece importante que toques el tema de la dignidad, es verdad que es una gran riqueza saber desde nuestra espiritualidad teresiana que es posible, que somos dignas y esto también se convierte en un reto, es necesario, urgente reconocer al otro/a su dignidad, porque es duro que si todos/as somos dignos/as para muchos esto sólo sea un enunciado vacío. Gracias por compartir.

  • #4

    Bea (miércoles, 12 enero 2011 09:47)

    Hola Claudia! El título de tu intervención en el foro me provocó esta pregunta: ¿Será la autonomía sólo problema de las mujeres o será un problema del género humano: hombre-mujer?
    Si la vemos como una conquista, un proceso, una meta para llegar a ser persona en todo el sentido de la palabra, no será tarea de todos y todas?
    Tanto los hombres como las mujeres necesitamos aprenderla, conquistarla. No creo que por ser hombre o varón se es naturalmente autónomo. Sin embargo, sí creo que las mujeres tenemos una “pesada carga” impuesta por el patriarcado que nos hace mucho más dificultoso este proceso. Estoy de acuerdo con lo que dice Dorothy Soelle: “haber nacido mujer es haber nacido mutilada y teniendo que vivir en una sociedad sexista”. La sociedad en su totalidad, y de ella son parte también los hombres.