Autonomía de la mujer: Conocimientos y Saberes

“Nuestros conocimientos y saberes. ¿Hasta dónde incluyen la autonomía como principio regulador? ¿Hasta dónde nos permiten ser autónomas? (Lagarde, Marcela, 11). En una cultura milenariamente patriarcal y androcéntrica no podemos esperar que los conocimientos y saberes sean herramientas que contribuyan a la autonomía de la mujer. Al contrario, la ideologización de los mismos lleva la impronta de quienes neutral y desinteresadamente los han ido forjando. Porque así es, las ciencias defienden una pretendida objetividad y cientificidad. Sin embargo, conforme lo ha explicitado la sociología del conocimiento, de tradición marxista y lo han explicitado los teóricos de la Escuela de Frankfurt, sabemos que no existen perspectivas totalmente neutras y objetivas. Todo conocimiento está situado y es interesado. Ninguna teoría es absolutamente autónoma respecto a la ideología, por ello, no hay ni puede haber ciencia ideológicamente pura. De ahí que las teorías que defiendan la “neutralidad ideológica” o “valorativa”, constituyen claras expresiones de posturas sospechosas, presentadas con aura y prestigio de cientificidad y de objetividad.

La cultura androcéntrica en la cual estamos inmersas/os, determina totalmente el modo en que todo investigador/a se acerca a la realidad, así como el resultado de su investigación. Reconocer dicho sesgo ideológico nos descubre que cualquier proyecto histórico es deudor de una perspectiva en base a la cual discrimina y organiza los datos. No existen perspectivas completamente neutras y objetivas. Todo conocimiento está situado y es interesado. Sólo un conocimiento consciente de la filtración ideológica de todo saber, y que además opte por acercarse a la realidad desde la postura de las víctimas y de las/os perdedores de la historia, se podrá construir en un saber auténtico, que propicie relaciones de justicia, libertad y autonomía entre los géneros. No sólo en el ámbito privado, sino en el público.

Esto nos lleva a pensar que no es inocente el modo cómo se organizan las enseñanzas universitarias, incluso las secundarias, y sobre todo la orientación y financiación de las investigaciones, siendo típico del pensamiento conservador y androcéntrico la fragmentación de saberes y su falta de fidelidad a la realidad. Así las cosas, no es difícil imaginarse los enfoques de las diferentes teologías que conocemos y las ideologías de las cuales proceden y sirven. Toda teología, y todo conocimiento, es un saber lastrado, no sólo por las capas conscientes, sino inconscientes de sus mentores, de las culturas, género y clases sociales desde las cuales emerge.

Es por ello que se hace preciso romper la hegemonía de un solo centro, para llegar a un diálogo heterogéneo más rico y verdadero, incorporando todas las perspectivas posibles, relativizando la cultura patriarcal, y reconociendo la legitimidad de otros centros, ya que ninguna visión puede responder por sí sola a la complejidad de la realidad.

Una posición androcéntrica nos induce a pensar que las mujeres, por naturaleza, no disponen de una inteligencia abstracta y dotada para la teoría, sino que más bien está orientada a lo práctico. “La razón de las mujeres es una razón práctica que les lleva a encontrar muy hábilmente los medios de llegar a un fin conocido, pero que no les hace hallar este fin.” (Rousseau, Jean Jacques, Emilio 134). Esta es, pues, la típica postura que circula en el imaginario colectivo: las mujeres son más aptas para lo funcional. Si alguna mujer osa desmentir existencialmente dicha estigmatización, en ciertos contextos, no precisamente de varones, en el mejor de los casos, es ironizada con la conocida frase: “Lista en latín y tonta en castellano”. Entre otras cosas, hay un desconocimiento total de lo que significa inteligencia múltiple. Por qué no se ha ser versada en latín y también lista para los pucheros. Es como si ambas destrezas fueran incompatibles. Si nos ponemos a analizar el trasfondo de los refranes populares veremos la dirección de la carga ideológica que contienen.

            Mientras tengamos una perspectiva fragmentada de la realidad y de los saberes, será difícil ir logrando una libertad situada y efectiva. “Hay una relación directa entre el tipo de conocimiento y saberes y grado de autonomía. Las personas que son muy pragmáticas, que piensan que no es importante saber sino actuar, deben reflexionar sobre esto, pues los conocimientos y habilidades intelectuales nos capacitan o no para la autonomía...” (Lagarde, Marcela, 11). En varias oportunidades me ha tocado oír que lo importante es la acción, el hacer, lo efectivo; todo lo demás es pérdida de tiempo y ociosidad inútil. Desarrollar una capacidad de reflexión y espíritu crítico, en ciertos ambientes, se ha convertido en un divague improductivo por el mundo de las ideas, que nada aporta a la construcción de un mundo mejor.

Si caemos en la cuenta, nos percataremos de que esta ideología responde a nociones reduccionistas, las cuales frenan la posibilidad de que las mujeres vayamos logrando cierta autonomía en nuestras vidas. No podemos seguir desconociendo que los recursos intelectuales constituyen aliados indispensables en el proceso de ir adquiriendo mayor autonomía. Pero en tanto sigamos subestimando dichas habilidades, más alejadas nos hallaremos de ser mujeres capaces de gestionarse la propia vida con altura y dignidad. Continuaremos siendo las eternas niñas dependientes de otros tutelajes de turno.

“A veces nuestros conocimientos están cargados de dependencia y no de autonomía.” (Lagarde, Marcela, 11). La autora mexicana corrobora lo que venimos diciendo, mientras más proclamemos nuestro sobrevalorado sentido práctico, y desdén de toda teoría, más aún estaremos respondiendo a una solapada o abierta teoría que pretende anular nuestro auténtico derecho a la autonomía. “Por eso hay que revisar nuestros valores sobre lo que es positivo, negativo, magnífico, valorable en las mujeres, y veremos que la ética en la que hemos sido formadas es funcional a un orden que niega la autonomía de las mujeres.” (Lagarde, Marcela, 11). La ética, como disciplina filosófica, que han ido inculcando a las mujeres, desde su más tierna edad, está basada en la despersonalización de las mismas. Lo importante es constituirnos en un ser para “los otros”, cuando menos se viva para sí, más perfecta se vuelve la mujer. A ella le está vedado ser “egoísta”, esto es un atributo eminentemente masculino, ella sólo puede ser pura “donación” de sí. Puro amor oblativo para otros que sean más importantes que ella y, a la vez, la tengan dominada y contenta en semejante situación existencial.

Según el filósofo ilustrado, Rousseau, las mujeres no han de tener vida propia, sino que han de vivir en función de los varones. Ellas han de “complacerles, serles útiles, hacerse amar y honrar de ellos, educarlos de jóvenes, cuidarlos de mayores, aconsejarles, consolarles, hacerles la vida agradable y dulce: he aquí los deberes de las mujeres en todos los tiempos y lo que se les debe enseñar desde su infancia.” (Rousseau, Jean Jacques, Emilio, 412).

Las mujeres no tienen vida propia, sino que están “fusionadas” a los demás. Ellas fueron hechas para la simbiosis, no para la autonomía y la libertad. Su inteligencia se reduce a lo práctico, mientras se le escapan las cuestiones abstractas y complejas. Su capacidad de amar y de razonar son inferiores y están supeditadas a un ser superior masculino, el cual determina y delimita estrictamente, lo que por “esencia” le corresponde. Con todo, hemos de considerar que esta enajenación de la mujer no sólo se da por parte del varón. “Suponer que entre las mujeres no hay relaciones de dominio es una fantasía.” (Lagarde, Marcela, 51).

El gran desafío es manifestar experiencialmente, en la práctica y en la teoría, que todas estas ideologizaciones son eso mismo: meras ideologizaciones. Que nuestros conocimientos y saberes pueden constituirse en efectivos aliados de la autonomía de las mujeres. Hagamos constar que los enfoques fragmentarios no se corresponden con la realidad, nuestra salvación, como siempre, está en la realidad y en la palabra. Mostremos con hechos y con palabras lo que somos y lo que hacemos. Porque como dice Aristóteles, “el obrar sigue al ser”.

 

Teresa del Pilar

 

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Comentarios: 13
  • #1

    Claudia G. (lunes, 03 enero 2011 12:41)

    Cuánto agradezco tu artículo; me ha hecho consciente de las veces que he percibido en algunos ámbitos sociales la desconfianza que suscita el que una mujer no sepa realizar ciertas cosas que se consideran de competencia femenina y se culpabiliza de esto a su interés por otras áreas como el cultivo intelectual por ejemplo; asi se considera que está perdiendo el tiempo porque al final no es esto lo que se espera de ella.

  • #2

    nakawe (lunes, 03 enero 2011 15:28)

    Si,así mismo Claudia.

  • #3

    Mónica Robledo (lunes, 03 enero 2011 15:30)

    Me gustó mucho tu reflexión, a veces tengo la sensación de que las mujeres tenemos que estar dando explicaciones cuando no nos dedicamos a cuestiones "prácticas", entre ellas a la maternidad y como a ti me parece importante defender nuestro espacio "intelectual" . También veo con esperanza que cada vez los movimientos autocríticos, que quieren tomarse la humanidad en serio, saben que no pueden dejar del lado el punto de vista de las mujeres y de otras minorías. Gracias por compartir.

  • #4

    nakawe (lunes, 03 enero 2011 15:41)

    Sí Mónica, estar dando explicaciones, sentirnos culpabilidazadas, etc, etc. Y cuando también una intelectual muestra otras facetas diferentes, son silenciadas, pero apenas tiene un pequeño dezliz y son magnificados.

  • #5

    Mónica (martes, 04 enero 2011 08:38)

    Cuando el autor en Nakawe ¿Quien escribe? De cualquier forma, muy cierto lo que dices.

  • #6

    Teresa del Pilar (martes, 04 enero 2011 09:01)

    Hola Mónica, soy yo, no me había dado cuenta de que hábía que poner el nombre, recién me percaté en el último comentario, creo que en tu articulo.

  • #7

    Mónica (martes, 04 enero 2011 16:01)

    No te preocupes, sólo era por saludar ya que tú me escribiste de forma personal quería hacer lo mismo para hacer este espacio cercano!! Seguiremos compartiendo...

  • #8

    Teresa del Pilar (martes, 04 enero 2011 19:10)

    Si, claro que fue muy oportuna tu pregunta. Estoy segura que gracias a ella se aclararon las demás. Un abrazo

  • #9

    Nancy Olaya Monsalve (jueves, 06 enero 2011 07:52)

    Teresa, me encanta tu artículo, tus palabras y la pasión que pones en ello. Estoy completamente de acuerdo no solo ideológicamente sino sobre todo experiencialmente. Me a tocado vivir en espacios de trabajo en los cuales te tildan de teórica, cuando se quiere hacer un esfuerzo por fundamentar y argumentar una postura, una acción personal o grupal desde una referente teórico.
    Sigamos en el empeño de formarnos, adquirir saber y conocimientos, todo ello desde una actitud dialogante y abierta. Un abrazo.

  • #10

    Teresa del Pilar (viernes, 07 enero 2011 07:27)

    Hola Nancy! Sobre el tema de la pasión en una mujer "salvaje", dice Pinkola Estés: "Una mujer tiene que estar dispuesta a arder, arder al rojo vivo, a arder con pasión, a arder con palabras, con ideas, con deseo de cualquier cosa que ella aprecie sinceramente."

    Ahora bien, sobre lo que venimos reflexionando. Lo grave es que las/os que tildan de teórica no se percatan de que también su postura responde a una teoría. A una teoría androcéntrica sobre cómo "debe" ser una mujer. Una idea destructiva y tergiversada sobre la misma.

  • #11

    Nancy Olaya Monsalve (viernes, 07 enero 2011 09:52)

    Hola Teresa, si, hay que arder, estar enamorada, apasionarse por algo, alguien, un sueño, una imagen del mundo, una forma de situarse, un estilo de vida...

  • #12

    Bea (miércoles, 12 enero 2011 09:43)

    Hola Teresa! Estoy de acuerdo con lo que dices respecto a cuestionar el paradigma de mujer práctica, incapaz de adquirir conocimientos y hacer una reflexión profunda y crítica de los mismos conocimientos que adquiere. Sin embargo al ver la realidad de tantas mujeres de nuestro barrio, me pregunto cómo facilitarles el que piensen, reflexionen, lean, se eduquen y permanezcan inquietas por el saber cuándo viven sobrecargadas de trabajo doméstico y en muchos casos, también de trabajos fuera de la casa, además de la crianza de hijos/as y el servicio complaciente a su pareja? Poco tiempo para sí mismas es una de las grandes trampas que mantiene a muchas mujeres “enanas” en su proceso de autonomía.

  • #13

    Teresa del Pilar (miércoles, 12 enero 2011 15:05)

    Hola Bea. Gracias por el comentario, gracias por las preguntas... Si hay preguntas, significa que previamente hay respuestas; así como la ignorancia significa, de algún modo, ya conocimiento, pues si algo se ignora, significa que algo se sabe. Las respuestas se van dando en la vida, en cada mujer, en cada hombre, en cada situación concreta, en cada contexto. Las respuestas se van forjando juntas/os en un diálogo respetuoso con la realidad. Cuando decimos diálogo, decimos sobre todo: escucha atenta. Las pregunas están allí para desafiarnos, para movilizarnos, para ponernos en camino... me gusta eso!