Asegurarle a cada niña, a cada joven y a cada adulta ser el centro de su vida

¡Hola todas!!!

 

Me dispongo a compartir algo de mi reflexión a propósito de la parte del libro de Marcela L. que nos ocupa. Continúo en clave educativa, esta vez, haciendo critica de la educación que hemos recibido o aquella que aún ofrecemos desde paradigmas tradicionales, patriarcales y/o autoritarios. Hay un cuento de Clarissa Pinkola Estés de su libro "Mujeres que corren con los lobos" con el que quiero ilustrar lo que plantea M. Lagarde en esta parte de su libro y que deseo resonar. Aunque se haga largo lo transcribo, omito algunas partecitas para acortarlo:

 

"Un hombre fue a casa del sastre Szabó y se probó un traje. Mientras permanecía de pie delante del espejo se dio cuenta de que la parte inferior del chaleco era un poco desigual. - Bueno no se preocupe por eso - le dijo el sastre - Sujete el extremo más corto con la mano izquierda y nadie se dará cuenta.

 

Mientras así lo hacía, el cliente se dio cuenta de que la solapa de la chaqueta se curvaba en lugar de estar plana. - Ah ¿eso? - dijo el sastre - Eso no es nada. doble un poco la cabeza y asísela con la barbilla.

 

El cliente así lo hizo y entonces vio que la costura interior de los pantalones era un poco corta y notó que la entrepierna le apretaba demasiado. - Ah, no se preocupe por eso - dijo el sastre - Tire de la costura hacia abajo con la mano derecha y todo le caerá perfecto. El cliente accedió a hacerlo y se compró el traje.

 

Al dia siguiente se puso el nuevo traje, modificándolo con la ayuda de la mano y la barbilla... dos ancianos que estaban jugando a las damas interrumpieron la partida para verle pasar ranqueando por delante de ellos. - ¡Oh, Dios mío! - exclamó el primero hombre - ¡Fíjate en este pobre tullido! - El segundo hombre reflexionó un instante y después dijo en un susurro: - Sí, lástima que esté tan lisiado, pero lo que yo quisiera saber... es de dónde habrá sacado un traje tan bonito -".

 

Desde la sicología profunda ese hombre, somos nosotras, es nuestro animus lisiado, incapaz de iniciativa, de realizar actos premeditados y autónomos. Marcela habla de como la cultura patriarcal nos ha hecho creer que en la vida de las mujeres hay cosas imponderables, imposibles, inalcanzables para nosotras... renqueamos, cojeamos y nos sumergimos en un mundo de pasividad y auto-descuido.

 

Fuimos educadas y educamos para ser madres, cuidar de otros (aunque ni siguiera somos capaces de cuidar de nosotras mismas), nos convirtieron en cuidadoras y hacemos lo mismo con las niñas y las jovencitas de nuestros espacios educativos. Es hora de enseñar el autocuidado, es hora, bien lo dice Marcela Lagarde, de asegurarle a cada niña a cada mujer ser el centro de su vida, con nombre propio, con espacio propio, con reconocimiento y capacidad para elegir. 

 

¿Caben en las competencias que desarrollamos aspectos como el autocuidado, la protección de los propios intereses y la capacidad de mantenerse en el centro de la propia vida? En este sentido, la autora da algunas claves, solo las señalo:

 

  • Diferenciar entre soledad y desolación. Vivir la soledad como capacidad de crear espacios de "UNA" en los que no hay intermediarios entre yo y mi subjetividad y sentirme ¡MUY  bien!!!
  • Convertir mi soledad en un espacio de pensamiento propio, de afectividad, erotismo y sexualidad propias, no para otros/as. Llenar ese espacio con creatividad, goce, reflexión, protagonismo... sin soledad no desarrollaremos la autonomía... ¡mmm se dice rápido!!!
  • Separación y distancia emocional y sicológca. Se trata de construir límites, respetar nuestros límites y los de los demás. No ser invasoras, no ser quejetas, no fusionarme, no poblar con palabras el silencio. En positivo: ampliar mi experiencia de subjetividad... ¡para mi, aquí y ahora!!!
  • Resistir la dominación sobre nuestra personalidad y subjetividad. Vivir la propia vida es la creación más importante que se pueda hacer.
  • Capacidad para decidir. Desarrollar alternativas, inventar, ser interlocutoras...
  • Construir sororidad. Ya lo hemos dicho, debemos reconocer y legitimar la autoridad de las otras mujeres y entablar una relación entre nosotras de mutuo reconocimiento.
  • ... ... ...

Bueno, hasta acá. Es una sección muy rica e iluminadora. Espero que nos esté ayudando como lo está haciendo conmigo. Les envío un abrazo. 

 

Nancy Olaya

 

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Comentarios: 6
  • #1

    Teresa del Pilar (lunes, 14 febrero 2011 14:53)

    Hola Nancy.

    Gracias por el claro, bello y profundo escrito que nos aportas. Te cuento que les envié a las hermanas de mi provincia y a otras amigas, me han hecho comentarios muy interesantes.

    El modo de abordar es didáctico, pues iniciar con el cuento permite situar y comprender con mayor claridad lo que se quiere comunicar. Tu intuición es muy acertada. El ámbito de la educación (formal e informal) es la clave para trasmitir, forjar, cuestionar, crear… paradigmas. De ahí que los ideólogos del patriarcado cuidan celosamente esos espacios, es el modo más eficaz de seguir reproduciendo sus intereses. La gran pregunta es: ¿cómo utilizamos y aprovechamos nosotras esos espacios?, ¿para qué lo utilizamos?, ¿qué paradigmas reproducimos, desafiamos, forjamos…?, ¿sólo reproducimos o, en cambio, desafiamos, creamos? En mi caso, creo que más bien me limito a reprocudir.

  • #2

    Claudia Guzmán (martes, 15 febrero 2011 17:25)

    Me has hecho pensar en la tendencia a ajustarme a lo exterior sólo para que se vea bonito y como educadora transmitir muchas veces ese tipo de comportamientos, preferir lo que no da problemas, lo que se adapta, a costa del sacrificio de lo auténtico y humano. Gracias

  • #3

    Nancy Olaya Monsalve (martes, 15 febrero 2011 18:28)

    Teresa y Claudia gracias por sus comentarios. Ese cuento de Pinkola me impresionó desde la primera vez que lo leí... es una especie de espejo en el que me aterra mirar-me. Sé que debo hacerlo para poder señalar lo que ha hecho en mi la educación patriarcal y autoritaria; y para señalar lo que hago cuando pierdo contexto y calco el sistema en los espacios educativos en los que me muevo.

  • #4

    Mónica Robledo (viernes, 18 febrero 2011 05:58)

    Llevo días pensando en el cuento, me parece que en cuanto al tema que tratamos en este foro, tal vez somos muchas las que nos hemos "comprado" estos trajes, basta pensar el los estándares de belleza impuestos por los MMCS, pero creo que hay muchos ejemplos más. Muy bonitos y deseables son los trajes, pero al final nos hacen perder la libertad y la posibilidad de caminar como podemos.
    Me sigue gustando más decir "amistad (entre mujeres)" que sororidad, aunque sea un término feminista-político me recuerda a sororato (http://es.wikipedia.org/wiki/Sororato) y a otros términos no muy felices. Además creo que el carisma teresiano tiene la riqueza de hacernos experimentar que la verdadera amistad iguala condiciones, hace espaldas, impulsa... Me gusta reconocer que esta competencia si se desarrolla en ambientes teresianos, conozco mucha gente que se maravilla de cómo se forjan relaciones profundas.
    Un saludo y gracias por seguir haciendo este esfuerzo pedagógico!!

  • #5

    Nancy Olaya Monsalve (viernes, 18 febrero 2011 16:08)

    Mónica he leído la significación de "sororato" y francamente me descolocas. Gracias por hacernos caer en la cuenta. Siempre nos han dicho que deviene de raíz francesa pero nadie nos dijo que se emparenta con esta clase de sentidos...

    Como dices, debemos seguir buscando términos más afines a lo que queremos vivir y comunicar. Un abrazo.

  • #6

    Beatriz Pizzanelli (viernes, 18 marzo 2011 22:22)

    AUTONOMÍA... subjetividad... diálogo interno y externo posibilitan en nosotras la mayor fecundidad y disfrute de la ALTERIDAD...
    Excelente reflexión!!!
    Sororalmente:
    Beatriz Pizzanelli