La autonomía como alternativa concreta al poder de dominio y la dependencia

Este último bloque de la obra de M. Lagarde constituye una defensa definitiva del concepto de “autonomía”, y cómo este valor debería considerarse el principio rector hacia el que fueran encaminadas todas las propuestas de promoción de las mujeres, porque sin autonomía, el desarrollo personal, familiar, comunitario en todas las dimensiones de la vida cotidiana de las mujeres, nunca será posible. Me quedo con esta definición propuesta por la autora, después de toda la reflexión realizada en los bloques anteriores, en la que define la autonomía como “el proceso por el cual se logra que cada quién adquiere los recursos necesarios para transformarse de objeto a sujeto. Las mujeres queremos transformarnos en sujetas de nuestra propia vida y ello significa: ser protagonistas, ser pensantes, ser actuantes, elegir, priorizar y también tomar las riendas de nuestra libertad sexual”. Creo que es una perfecta y completa definición del término.

 

A continuación hace una breve pero detallada relación de factores que en nuestros días, constituyen claros impedimentos a la conquista de nuestra autonomía; según estos prejuicios, la autonomía en las mujeres es calificada como “antinatural, libertina, inmoral, inusual, innecesaria, indigna…”


Me llama poderosamente la atención cómo todos estos prejuicios de los que habla la autora, siguen estando muy enraizados en nuestra cultura y en nuestra vida diaria. Aunque parezca que en el siglo en el que estamos, ya hemos superado las mujeres todos los obstáculos. Desgraciadamente no es así.


Me permito utilizar un ejemplo de mi trabajo cotidiano hace unos días con preadolescentes de 12 y 13 años. La actividad de coeducación y corresponsabilidad en las tareas domésticas, consistía en una serie de preguntas y de pruebas. En una de ellas se trataba de separar la ropa blanca y la de color para supuesta colada, y luego tenderla. Algunos chicos participantes, se negaban a hacer la actividad “porque eso era trabajo de mujeres, y ellos nunca tendrían que hacerlo”.


En el mismo grupo, poco después, surgió el debate sobre las relaciones de pareja y afectivas en población adolescente. Algunos de los intervinientes (varones) se afianzaban en la opinión de ser “dueños de sus novias y que por tanto, no les permitían salir a la calle con faldas cortas porque otros chicos las miraban”.


En los días anteriores, impartiendo un módulo temático sobre Exclusión Social a treinta alumnos y alumnas de 25 a 50 años, participantes de una iniciativa de formación para el empleo, surgió un acalorado debate sobre lo injusto de los derechos homosexuales (a tener hijos, a unirse en pareja, a manifestar su amor sin doble vida…) y hasta se vislumbraba la posibilidad de contagio de la homosexualidad entre los niños.


¡¡¡¡Estamos en el siglo XXI, pero parece que muchas personas, instituciones e ideologías políticas todavía no se han dado cuenta!!!!! Es doloroso cómo se extreman los posicionamientos ideológicos en estos momentos históricos y culturales.  


He disfrutado mucho leyendo y reflexionando con este documento de Marcela Lagarde y que ahora comparto con vosotras. Para mí ha sido todo un descubrimiento y un disfrute. Creo que seguiré “desmembrándolo” hasta extraerle el máximo jugo, para mí o para cualquier proceso de acompañamiento en el que me pueda ser necesario. 

 

Ma. José Rosillo

 

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Comentarios: 4
  • #1

    Mónica Robledo (miércoles, 02 marzo 2011 04:29)

    Hola Maria José, tus ejemplos de la vida cotidiana son muy buenos. Hace unos días escuché sobre una mujer que hizo su tesis de teología en la cocina, porque si su familia la veía en el escritorio o con el ordenador le preguntaban constantemente qué era lo que estaba haciendo tanto tiempo ahí, pero si estaba en la cocina nadie le preguntaba nada y podía trabajar sin problema... Creo que no nos queda más que seguir aprendiendo a dialogar a compartir lo que vamos comprendiendo... Un saludo

  • #2

    Claudia Guzmán (martes, 15 marzo 2011 08:44)

    Gracias por tu reflexión. Los momentos de trabajo con grupos como los que compartes y que también en mi medida he vivido, creo que hacen parte de ese proceso de deconstrucción y aunque muchas veces yo por lo menos no logro ver "el cambio" o la transformación que quisiera, pienso que se evidencia para tod@s que existe alguna forma alternativa de ver la realidad

  • #3

    Nancy Olaya Monsalve (viernes, 18 marzo 2011 20:47)

    Parece mentira que en estos tiempos, los jóvenes se sitúen desde posturas tan tradicionales y machistas!!! ¿Será que nuestra educación en perspectiva de género no ha impactado lo suficiente? o será que ¿aún no educamos en perspectiva de género? mmm... Es un llamado a emprender con mayor ardor y fervor una educación para la pluralidad y la erradicación de los prejuicios, que impiden valorar las DIFERENCIAS.

    En nuestra propuesta educativa se dice: "Deseamos que las relaciones de RESPETO Y EQUIDAD sustituyan todo tipo de discriminación, sea por género, raza, lengua, religión,
    edad o condición social (u orientación sexual); que hombres y mujeres nos relacionemos con formas nuevas, inéditas, libres de los estereotipos de la cultura machista, interiorizados en ambos por el poder del sistema patriarcal" El contenido del paréntesis es mío.

    Gracias por tus valiosos aportes.

  • #4

    Teresa del Pilar (lunes, 04 abril 2011 09:10)

    Hola María José. Gracias por los ejemplos que nos compartes, son muy parecidos a los nuestros! Y surge la pregunta de modo espontáneo, ¿qué estamos haciendo con la perspectiva de género en nuestros centros o lugares de trabajo? Es preocupante..., entiendo que debiéramos pre-ocuparnos menos y ocuparnos más.

    Respecto al comentario de Mónica sobre la mujer que hizo su tesis de teología en la cocina porque si estaba en otro lugar le cuetionaban. Este hecho representa la misoginia más perfecta. El odio hacia la mujer que se halla fuera de la cocina. A un ser tan inferior como es la mujer no le cabe otro espacio físico más que la cocina, de ahí que no verla en dicho recinto es una infedelidad a su "esencia" misma. Esencia asignada por el interés patriarcal y por nadie más.

    De ahí que con más frecuencia debiéramos animarnos a sub-vertir estos prejuicios antiintelecutales, denigrantes y discriminatorios. Animémonos a mostrar quiénes somos realmente!