Prejuicios que impiden la autonomía de las mujeres

“El poder de dominio, cuando nos cosifica o cuando nos hace cosificadoras de otros, impone valores, prejuicios, normas, formas de comportamiento, normas de vida, expectativas que para las mujeres aunque sean muy importantes son desfavorables en el desarrollo de cada mujer.” (Lagarde, Marcela, 109).

 

Ahora bien, la realidad tiene un poder que se expresa en cada realidad humana, varón o mujer. Dicho poder, en las mujeres no autónomas, se manifiesta en forma de omni-potencia o de im-potencia. Lo importante es superar las anteriores y saber cuál es mi potencia real, tangible, no la que imagino o fantaseo. (Cf. Lagarde, Marcela, 125)

 

Si no tomo conciencia y me hago cargo de lo que realmente puedo, actuaré con “poder de dominio” cosificado o cosificador. En otras palabras, seré víctima o victimaria. En el último caso, no dejaré que la realidad acontezca, sino que trataré de imponer valores, puntos de vista, iniciativas, normas, prejuicios, etc. Cuando pretendo adelantarme a la realidad, intentando “crear” desfiguradamente la realidad misma, a través de “pre-juicios”, lo que hago es avasallar irrespetuosamente lo que es.

 

El pre-juicio trata de anular la realidad a través de juicios que son omni-potentes, que lo pueden todo, hasta son capaces de matar la realidad. La persona prejuiciosa no necesita contactarse con lo que las cosas son, no precisa escuchar lo que ellas son, puesto que le basta su quimérica y autosuficiente perspectiva. Vive desde empobrecedoras creencias e invenciones. Las prefiere, ya que situarse de modo descalzo ante la realidad implica demasiado vaciamiento, para lo cual no se siente preparada. La complejidad de la realidad le asusta, y ante este miedo se ve empujada a respuestas injustas, simplistas y simplificadoras: manipulaciones, etiquetas, estigmatizaciones, afán de control…

 

Efectivamente, el prejuicio tiene un efecto narcótico en tanto que produce una pseudo tranquilidad que inhibe la aridez de la búsqueda. De ahí que se recurre a un supuesto control de la realidad. La ilusión del control es una especie de ungüento para la desazón que produce lo otro. Es demasiado doloroso tener que enfrentarse a un mundo diferente al suyo. La diversidad es una amenaza peligrosa. Desde esta postura ya no se precisa la humilde fatiga de escudriñar la verdad de las cosas. Sólo queda acogerse a un reduccionismo que amodorra y evita el peregrinaje de la sorpresa, de lo nuevo, de lo desafiante.

 

“Todo prejuicio funciona como un dogma: es una verdad absoluta. Y también funciona como un mecanismo que imposibilita el pensamiento porque si ya lo sabemos todo, no tenemos que pensar. Si en los prejuicios ya tenemos las respuestas en los prejuicios no tenemos que indagar. Los prejuicios son juicios ultrageneralizadores. Generalizamos cuando decimos “todas las mujeres”, “ninguna mujer”. Nunca, siempre, jamás, todo, nadie, nada son conceptos que totalizan la experiencia. (Lagarde, Marcela, 122).

 

Ante el dogma no hay diálogo posible, sino un rotundo y autoritario “no”; las cosas son blancas o negras, son como son (o creemos que son). Allí no hay lugar para la duda, el matiz, la alternativa, la creatividad, ni la discusión. “Hay prejuicios anti-intelectuales que han hecho estragos entre las mujeres, particularmente entre aquellas que vivimos en sociedades carenciadas de recursos académicos, escolares y de difusión del pensamiento intelectual.” (Lagarde, Marcela, 122).

 

Una de las manifestaciones de la reacción prejuiciosa anti-intelectualista en las mujeres se expresa a través del activismo, lo cual es considerado “como superior, antagónico y opuesto.” (Lagarde, Marcela, 123). “Hay que dejar de valorar el activismo como una calidad en las mujeres y pasar a construir la capacidad actuante de las mujeres.” (Lagarde, Marcela, 108) 

 

Desde este paradigma – activista - las mujeres que viven haciendo y emprendiendo cosas, en desmedro de una reflexión profunda y serena, son sobrevaloradas. Dicha sobrevaloración supone una violencia androcéntrica para la que pretenden fundamentar con lucidez sus acciones y decisiones. “Con esos prejuicios acabamos reivindicando la ignorancia como un derecho, como un valor positivo en las mujeres para defendernos de lo que consideramos inadecuado. No criticamos el orden injusto que hace que unas podamos tener acceso a unos espacios y actividades y otras no; sino que más bien satanizamos a las mujeres que tienen esos recursos y esos bienes.” (Lagarde, Marcela, 123).

 

“Pero todo eso lo hacemos de manera excluyente y prejuiciada y seguimos clasificándolas patriarcalmente como las buenas y las malas.” (Lagarde, Marcela, 123). Lo paradójico es que, por un lado, intentamos proyectos incluyentes, sin embargo, por otro, en nuestra propia casa nos estamos excluyendo. Lo hacemos cuando encasillamos a las personas en tal o cual destreza, descalificándola automáticamente de otras posibilidades. El pensamiento o creencia prejuiciosa se desencadena inconsciente y automáticamente. No obstante, cuando se intenta tomar conciencia de ello, confrontarlo, dialogar sobre la dinámica que implica, aparecen las resistencias y los conflictos. Los prejuicios androcéntricos se han hecho connaturales a nuestra manera de ser y de proceder.

 

Y no sólo esto, “el uso de los prejuicios es utilitario, es oportunista. Eso tiene que ver con la fuente de enormes dificultades, por ejemplo de las mujeres, para construir la coalición de las mujeres, porque nos defendemos de los prejuicios, pero se los aplicamos a las demás. Eso impide la construcción de la alianza de las mujeres.” (Lagarde, Marcela, 122). Tenemos que considerar que el poderío sororal es una forma de empoderamiento que no está basado en la exclusión, el autoritarismo, la descalificación y la violencia. Estas son formas patriarcales de poder, las utilizamos porque no hemos hecho la crítica deconstructiva, sino que nos posicionamos desde lo introyectado culturalmente.  

 

De ahí que, es fundamental “asumir que soy misógina, por lo tanto, me cuido, pongo atención a lo que digo y lo que hago. En las asambleas, las mujeres no estamos en un espacio de diálogo entre mujeres, sino que muchas veces instalamos una inquisición para debatir, para enjuiciar y descalificar.” (Lagarde, Marcela, 130) Detectar los rasgos tóxicos de estas actitudes aparentemente es fácil. En cambio, es más difícil caer en la cuenta de que invadir constantemente la vida de las/os demás con consejos o indicaciones no pedidos es imposibilitar la construcción de la autonomía. Pues, “el consejo también es una manifestación misógina.” (Lagarde, Marcela, 130).

 

Así las cosas, la lectura de este material me está haciendo tomar conciencia lo arraigada que está en mí la perspectiva patriarcal, la cual se expresa en pre-juicios de toda índole. Nuestra autora menciona las diversas formas de sexismo, que se expresan en la sexualidad, a ser desmontadas: “la homofobia, lesbofobia, castofobia, heterofobia. Fobia significa horror, rechazo, indiferencia, reprobación, patologización hacia las prácticas, pensamientos, etc. de homosexuales, lesbianas, castas, heterosexuales.” (Lagarde, Marcela, 113)

 

También alude a los prejuicios de edad, clasismo, nacionalismo, racismo, esteticismo, ideológicos, políticos y religiosos. Ninguno de estos puntos tiene desperdicio, asimismo, a ninguno de ellos estamos ajenas, más de lo que pudiéramos imaginar. Esta es la razón por la cual, urge revisar críticamente cuáles son nuestros valores, perspectivas, criterios, creencias y posturas en las situaciones concretas del diario vivir.

 

Asimismo, nos apremia acceder a los recursos de la palabra hablada y escrita. “Hay que hacer discurso y escribir discurso.” (Lagarde, Marcela, 127). “No podemos seguir aspirando a hablar desde el closet. Todas tenemos que salir del closet, de la segregación, del ghetto, de hablar para el autoconsumo.” (Lagarde, Marcela, 128) Estas son formas de ir desenmascarando y combatiendo con fundamentos sólidos los pre-juicios patriarcales que se yerguen en detrimento de la autonomía de las mujeres. “Necesitamos apropiarnos del conocimiento y entender que nada es más práctico que una buena teoría, una buena filosofía. Debemos aspirar a ser ilustradas.” (Lagarde, Marcela, 128) Ya es hora de despertarnos del sueño.

 

 Teresa del Pilar

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Comentarios: 4
  • #1

    Mónica Robledo (miércoles, 02 marzo 2011 04:18)

    Hola Teresa, me gustó mucho tu escrito... sobre todo tus comentarios y análisis sobre los prejuicios, lo que causan en nosotras y lo importante que resulta soportar las dudas, la complejidad, la incertidumbre... para no cerrarnos en lo conocido, en lo seguro por mantener así nuestra comodidad. Me parece importante como tú dices comenzar haciendo conscientes mis propios prejuicios, y yo creo que pare esto ayuda mucho escuchar voces distintas... un abrazo y gracias por compartir...

  • #2

    Nancy Olaya Monsalve (sábado, 19 marzo 2011 19:28)

    Querida Teresa, tocas un tema que ya varias hay apuntalado: los prejuicios. Creo que nos preocupa a todas y voy a reflexionar un poco también de mi parte.

    ¿Sabes que pienso? que los prejuicios o la postura prejuiciosa es una herramienta de los sistemas patriarcales. Al ser éstos estructuras jerarquizadas, son profundamente excluyentes y adversos a lo diverso. Claro!!! unos pocos deben estar en la cúspide gozando de los derechos que se les niega a todas/os.

    En ese sentido pienso que es una herramienta del status quo, no solo una deficiencia de visión. Conviene que sea así. Mmmm me pregunto ¿y nuestras propias estructuras? ¿hasta cuando seguiremos usando el prejuicio para excluir, segregar, in-visibilizar y silenciar?

    Gracias por tu reflexión.

  • #3

    Claudia Guzmán (martes, 22 marzo 2011 08:31)

    Tu comentario me hace pensar en una manera nueva de organizar nuestras reuniones y encuentros; también las dinámicas de los grupos de trabajo a los que estamos vinculadas; hacer ejercicios en los que todos los "equi" (equidistancia, equipolaridad, etc) se pongan en juego, a funcionar y ver qué sucede. Gracias por tu escrito

  • #4

    Teresa del Pilar (viernes, 25 marzo 2011 12:32)

    Queridas Mónica, Claudia y Nancy! Voy a permitir responder a las tres juntas. En cada una me llama la atención la profundidad de su lectura y la vinculación que logran realizar a temas clave.

    Mónica habla de aprender a soportar las dudas, la complejidad, la incertidumbre... Todo un programa de ascesis, de vida... Estamos muy acostumbrados/as a querer tener todo bajo control (o al menos hacernos ilusión).

    Nancy habla de los prejuicios como recurso patriarcal. Totalmente de acuerdo, no cabe duda de esto. Aquí subyace la necesidad solapada de mantener los grandes privilegios. De ahí que se da la necesidad de excluir... Y la inevitable preguna de cómo andamos por casa mmmm mmmmm

    Claudia hace referencia la práctica de las "equis". Sin duda alguna que por aquí vienen para nosotras los grandes desafíos en las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres. Sobre todo entre nosotras.

    Mil gracias a cada una por las luces!!! Somos ilustradas!!