Un camino similar, conjunto, propio...

Las mujeres hemos tenido que realizar nuestro propio camino para ir descubriendo quienes somos, quienes no somos y quienes nos gustaría seguir siendo. Para muchas de nosotras el camino ha significado encontrarnos con una desconocida, que responde a un único modelo impuesto, y tras resignificaciones y la construcción de versiones propias nos hemos reencontrado. Sin embargo, el reencuentro sigue siendo un desafío diario, porque estamos inmersas en una cultura que de todos los modos posibles nos impone seguir siendo desconocidas en tanto responsamos a la deseabilidad social. Al leer el material “Así aprendimos a ser hombres” me conecté poco a poco con ese camino propio, colectivo y me pregunté ¿cuál es el camino para los hombres? ¿cuáles son las luchas que requieren librar para reencontrarse mas allá del modelo tradicional? ¿cuáles son las redefiniciones y construcciones que necesitan hacer para lograrlo? y finalmente me pregunté ¿Sí los caminos recorridos por las mujeres y por los hombres en sus procesos de reencuentro se entrecruzan?... de ser así ¿podrían esas intercepciones fortalecer aún más propósitos propios, comunes, mutuos? ¿cómo podría ser esto?

 

El modelo positivista nos ha dejado como legado una visión fragmentada de vida y sus realidades, haciendo uso de una causalidad lineal reduccionista, con pocas posibilidades de cambio. Sin embargo, nuevas apuestas nos invitan a comprender nos nuestras vidas y realidades, reconociendo sus relaciones múltiples y diversas, nos invitan a movernos en un contexto de racionalidad e incertidumbres combinados, a través de las cuales podamos leer nuestras realidades de manera interconectada, en sus recorridos a veces sorprendentes y a veces, impredecibles. El sistema patriarcal afecta a las mujeres y hombres, de forma diferencial, sí, las mujeres hemos sido las primeras en denunciarlo y trabajar para trasformarlo, logrando avances y siendo concientes del camino que aún queda por recorrer. Por esta razón, este libro es para mi una invitación a comprender y asumir esta transformación desde una lectura más interconectada, poniendo bisagras para abrir nuevas puertas de liberación para mujeres y hombres.

 

Quiero señalar dos claves del cuento de Barba Azul, del libro de Clarissa Pinkola: “Mujeres que corren con lobos”, a modo de ejemplo de lo que pienso cuando hablo de una lectura interconectada de nuestras realidades. El primero: la posibilidad de hacerse preguntas. En el cuento se expresa a través del símbolo de una llave: la llave de la liberación es preguntarse por sí misma, por mi lugar, por lo prohibido, por la natural. Cuando nos hacemos preguntas descubrimos verdades, muchas veces dolorosas, horribles, injustas, pero necesarias para no conformarse, para trasformarla la realidad, para liberarse. El deseo de liberación surge cuando somos concientes de la opresión y su destrucción, cuando notamos sus efectos avasalladores en nosotras y nuestro entorno. Por eso preguntarse no es fácil, es riesgoso y trasgresor. La masculinidad y la feminidad son productos culturales, pero mientras que para muchas de nosotras, este es un hecho conocido y reflexionado, los hombres no han dedicado el tiempo necesario para pensar sobre sí mismos. Es paradójico, desde el patriarcado la racionalidad es una característica masculina, sin embargo, las preguntas se dirigen hacia afuera y no hacia dentro. De manera general, los hombres desconocen su realidad, al no dedicar tiempo para pensar sobre sí mismos, son ajenos a la construcción tradicional de la masculinidad que los configura, perpetuándola ya que no la someten a análisis. Me pregunto, ¿podemos las mujeres interconectarnos en ese punto del camino con los hombres? ¿qué desafíos significaría esta conexión?. No estoy pensando en hacer el trabajo que les corresponde, más bien en reflexionar en nuestro/s propio/s modelo/s de masculinidad y su arraigo en nosotras…


El planteamiento tiene que ver con pensarse en qué momento, aunque los hombres sienten tanto como las mujeres, aprendieron a cauterizar sus sentimientos. Pensarse para qué el patriarcado les robo la posibilidad de ternura, la expresión de sentimientos y la capacidad de crianza, caracterizándolos de débiles al tener alguna de estas características. Tiene que ver además, con cuestionar la creencia de que no existe la masculinidad en singular sino múltiples masculinidades, que las concepciones y las practicas sociales en torno a la masculinidad varían según los tiempos y los lugares, que no hay un modelo universal y permanente de la masculinidad válido para cualquier espacio o para cualquier momento. Y por supuesto, cuestionar todas las demás creencias en las que se sostiene el patriarcado.


Además de reflexionar sobre sí misma-mismo, es necesario inventar nuevas formas de relación, y aquí señalo la segunda clave del cuento de Barba Azul: la pequeña chica pudo liberarse de su fantasma/opresor, cuando hizo alianzas; sus hermanas y hermanos participaron en su liberación, en su rencuentro consigo misma, tanto ellas como ellos ayudaron a destruir a su opresor, juntas y juntos conformaron una alianza capaz de destruir la misma muerte. Por eso creo que necesitamos acompañarnos mujeres y hombres en nuestra apuesta por la nuevas formas de ser mujeres y hombres hombre, libres, iguales y plurales.  

 

Y termino con las palabras de Ellacuría, cuando nos plantea ser conscientes del lugar desde donde nos movemos y desde el que orientamos nuestras opciones. Acompañarnos en este proceso trasformador mujeres y hombres tiene que ver con la trasformación global de nuestra forma de experimentar el mundo. Asumir la mirada compleja del mundo y de nosotras/os mismas/os en el contexto de este mundo simplificado requeriría suspender el ritmo acostumbrado, cotidiano para revisar valientemente todos los pensamientos tenidos como verdades. Es quizá desde el lugar de las incertidumbres desde donde podamos encontrar y construir otros modos de ser, hacer, tener y estar frente a la vida.

 

Blanca Camacho Sandoval

 

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Comentarios: 5
  • #1

    Nancy Olaya Monsalve (sábado, 07 mayo 2011 12:24)

    Hola querida Blanca. Me encantó tu artículo. Me permito comentar algunos de tus planteamientos:

    1. Has traído el cuento de Barba Azul del libro de Pinkola, lo que me parece muy acertado, pues en él se nos invita a todas las mujeres a sospechar de todo aquello que no permite nuestro desarrollo humano. Este es un principio feminista. La sospecha y la pregunta, como bien dices, nos conducen a aquellas verdades que develan el sistema opresivo, excluyente y destructivo. Bien por recordarnos esto.

    2. Y me gustó aquello de las alianzas y pactos con otras y otros para juntas/os buscar caminos de transformación. Esas alianzas pueden ocurrir dentro de nosotras, cuando somos capaces de convocar mis propias fuerzas YAN o fuerzas masculinas (los hermanos del cuento) para resistir ante el sistema injusto e inhumano y actuar en consecuencia.

    Muchas gracias por tu aporte. Un abrazo.

  • #2

    Rosa Emma (sábado, 07 mayo 2011 17:00)

    Querida Blanquita

    Muy rico tu aporte, me parecen muy interesantes las preguntas que planteas sobre lo que deben hacer los hombres y sobre los encuentros entre ellos y nosotras, considero que esta posibilidad enriquece el crecimiento mutuo, lo que hay pensar muy bien es el momento adecuado en el que se constituya en una riqueza, en el que el diálogo sea posible, en el que las partes estén dispuestas a escucharse y permitir el cuestionamiento.

    El lugar de la incertidumbre me parece un reto grande porque considero que a los seres humanos nos incomoda mucho la incertidumbre, estar en ese limbo, pero igual creo que esto dependería de la manera cómo se plantee, porque igual tenemos la capacidad de asumir lo más complejo, lo más difícil y crecer de una manera gigantesca.

    Muchas Gracias Blanquita

  • #3

    Teresa del Pilar (domingo, 08 mayo 2011 16:57)

    Querida Blanca.
    Me ha gustado mucho tu reflexión, me ha parecido de una gran solidez teórica. Supone lectura de autores que están en la vanguardia del pensamiento actual, los cuales, particularmente, me son afines por moverse desde paradigmas que permiten una cosmovisión más amplia de la realidad. Y no sólo eso, en el escrito se da también una oportuna combinación del aspecto experiencial y simbólico (Cuento de Barba Azul).
    Sólo desde una racionalidad compleja seríamos capaces de abordar adecuadamente la emergencia de nuevos modos de situarse ante la vida y sus reclamos. Sólo desde esta razón integradora (sentiente, para Zubiri; compleja para Edgar Morán) sería posible comprender que no existe la masculinidad en singular, sino múltiples masculinidades. Que las concepciones en torno a la masculinidad o la feminidad varían según los tiempos y lugares. Desde este modelo de razón (transgresor e incierto) las preguntas surgen con naturalidad, y se dirigen no sólo hacia afuera, sino que parten desde dentro. La plataforma a partir de la cual nos posicionemos posibilita - o condiciona -, en gran medida, la movilidad, los cambios, la apertura, la fidelidad a la realidad, la acogida de lo ambiguo e incierto, como lo apuesto al dogmatismo y al esencialismo estático.
    Podría tomar otros puntos más. Lo dejo aquí. Gracias por tu aporte.

  • #4

    Claudia Guzmán (sábado, 21 mayo 2011 15:20)

    Cuando mencionas la relacionaldiad como posibilidad de crecimiento y transformación dentro de un paradgima complejo y sistémico, creo que das un valioso aporte a lo que puede ser el desarrollo de las personas desde su diversidad, su pertenencia a una determinada cultura, pero que no es la úncia en el mundo ni en la historia y así, al diversidad en toda su fuerza.
    Gracias por tu reflexión

  • #5

    María Esther Revelo (domingo, 22 mayo 2011 09:02)

    Me encantó la metáfora de la puerta. abrir espacios donde no los hay implica movrnos hacia dentro y hacia fuera de nosotras y de ellos. El objetivo la liberación, te agradezco el aporte
    María Esther Revelo