DENTRO DE CADA MUJER HABITA EL VALOR Y LA MATERIA PRIMA DE CADA HOMBRE CON EL QUE NOS QUEREMOS RELACIONAR

Bien dice el principio, tus palabras te condenaran, pero estoy reivindicando a mi sentido de conciencia con mis sentimientos de culpa y ya casi logro conciliarlos. Cuando crece tu conciencia disminuye tu culpa. Es por ello que me voy a permitir hacer algunas afirmaciones que he podido comprobar en mi vida y en la vida de otras y otros que han querido compartirme sus experiencias.

Si fuimos madres, hijas, hermanas, amigas, novias, amantes, esposas, siempre hubo dentro de nosotras, en cada etapa de nuestra vida, un estereotipo de hombre que en la interacción con ellos hicimos que se representara tal cual. La expectativa de su rol en nuestras vidas era tan clara que si no se daba, hacíamos lo necesario (sumisión, perdones sin enmienda, etc.) para que se cumpliera. No vale la pena culpabilizar a nadie.

Por si acaso había algún despistado le recordábamos lo que debía hacer. Recuerdo algún silencio cómplice que tuve que mantener con mis hermanos varones frente a sus novias, que resultaban ser “mis amigas”, para que no se percataran de las infidelidades que les cometían. Ni que decir cuando recuerdo a mi mamá minimizando las faltas de mi papá delante de nosotros su hijos por aquello de que es su papá y le deben respeto y cariño, a él se le permitía el mal genio, salir con sus amigos para desestresarse, etc. En la época de la universidad pienso en esas apuestas locas de nuestros compañeros hombres, en presencia de nosotras las mujeres, para conquistar primero a una niña de primer semestre y llevarla a la cama, nuestra reacción no paso de oírlos pero jamás impedirlo; o verlos competir quien se terminaba primero una gran cantidad de licor y nosotras expectantes haciendo barra a nuestro compañero de semestre. Y así hoy en la calle, en la vecindad, en cualquier lugar donde interactuamos, seguimos presenciando actitudes y hechos que están tan normalizados que pareciera que no queremos atajar.

Las mujeres, todas, en alguna medida, participamos y co-creamos al lado de los hombres, seres como aquellos que luego nos irían a asustar y que terminaríamos rechazando tanto. Jamás creí que callar en esos momentos era afrontar consecuencias directas o indirectas en esos y en otros momentos de mi vida como mujer.

Nuestra revolución, ya lo decía alguien, es la de las cosas pequeñas, en el diario vivir, en la casa, en la escuela, en el trabajo, en el supermercado, en todo lugar y en todo momento debemos estar trabajando en ampliar conciencia y en no admitir la desigualdad y la manipulación de los derechos de la mujer. A hombres y a mujeres nos conviene reflexionar y hacer propuestas inéditas de relación. Ya hemos ido logrando algunos cambios importantes, pero la tarea nos tiene que abarcar a mujeres y a hombres para alcanzar la transformación de esas formas caducas de relación patriarcal y con ello quiero decir, autoritarias, violentas y manipuladoras, por parte de ellos, y sumisas, pasivas y cómodas por parte de nosotras.  En la medida que nosotras transformemos en nuestro interior las expectativas de hombre, ellos se verán en la necesidad de transformarse.

Gracias por escuchar con su sentir de mujeres. Con su sentir femenino para los hombres.

María Esther Revelo M.

 

Escribir comentario

Comentarios: 4
  • #1

    Claudia Guzmán (martes, 24 mayo 2011 11:54)

    Hola María Esther: quiero reaccionar a tu escrito que considero profundamente reflexivo y que invita a lo mismo en quien lo lee.
    Las expectativas, cuántas situaciones nos propician o nosotras propiciamos a través de ellas; recuerdo justamente que está relacionada a uno de los procesos de la volición.
    Las propias necesidades de seguridad, de fuerza, de encontrar "al que sabe" son transmitidas inconscientemente, pero el varón es muy suceptible de ellas; estoy pensando concretamente en cosas cotidianas, cuando algo falla en casa, cuando se tiene que instalar algún aparato, son ellos las persoans de elección.
    Realmente da para reflexionar, muchas gracias

  • #2

    Rosa Emma (miércoles, 25 mayo 2011 11:56)

    Hola Maria Esther, gracias por lo que nos compartes, me gusto mucho, me parece genial tu estilo; cuando iba leyendo sentía que me calaba muy profundamente.
    Si es verdad que a lo largo de nuestra vida hemos construido estereotipos de hombre, los principes azules, pero también hay una época en la que las niñas han buscado la aprobación y aceptación de sus padres y que luego han conservando esta actitud frente a otros hombres; igualmente ha ocurrido que se tienen aliados masculinos sean profesores, jefes, compañeros de trabajo.

    Estoy de acuerdo contigo este es nuestro tiempo y que en todos los lugares, momentos, vida cotidiana debemos ir transformando la realidad para lograr relaciones equitativas, de reciprocidad. Igualmente en la educación de hijos e hijas y en la educación formal e informal se deben aprovechar los espacios para fomentar este cambio.

  • #3

    Nancy Olaya Monsalve (miércoles, 25 mayo 2011 17:43)

    María Esther!!! me fascinó tu escrito!!! Algo dentro se movió con fuerza, quizá con rabia ¿con culpa?

    Mi experiencia es tal cual, ahora pienso en mis hermanos y la forma como fui cómplice allí... Pienso en mis espacios de compartir la misión y en la forma como perpetúo los estereotipos fijados por la sociedad machista y patriarcal... pero además pienso en mi comunidad religiosa y las maneras como nos las ingeniamos para que sigamos repitiendo la historia, aún en escenarios donde somos todas muejres.

  • #4

    Mónica Robledo (martes, 31 mayo 2011 03:47)

    Gracias por tu reflexión... las cosas pequeñas... me hace pensar en los chistes, las bromas que parecen inofensivas y que dejo pasar.
    También veo en algunas mamás de ahora el deseo y la implicación para que esto no se repita y cómo se encuentran algunas veces acorraladas por los estereotipos como el que sus hijos varones deben jugar fútbol para estar integrados... poco a poco.
    Un saludo!!