EL LENGUAJE NO ES INOCENTE

El lenguaje no es inocente y condiciona no sólo un modo de comunicación, sino que, ante todo, es fruto de una cosmovisión, de una manera de situarse ante las cosas. Es más, la lengua nos conduce a estar de un modo determinado en la realidad. “Dado que el lenguaje no sólo expresa el mundo, sino que ayuda a darle forma y a crearlo, aprender a hablar una lengua en la que la hembra es sometida al macho gramaticalmente comunica a las chicas desde el principio la experiencia de un mundo en el que lo masculino es la norma de la que aparta su propio yo.” (Schüssler, 48)

Lo que no se nombra no existe. Esto, trasladado al género, implica que la no representación simbólica de las mujeres en la lengua, contribuye no sólo a su invisibilización, sino a su efectiva discriminación en los distintos ámbitos de la vida. De ahí la necesidad de un lenguaje que represente a mujeres y hombres de modo equitativo. El lenguaje sexista, el que hemos aprendido, contribuye a la perpetuación del patriarcado. Desenmascarar esta realidad y reemplazarla por una lengua que nos represente y nos nombre, ayudará a cambiar dicha realidad.

El lenguaje, como obra patriarcal, lleva las huellas de su autor: el hombre (varón), canon y medida de todas las cosas. La variedad lingüística femenina siempre se ha considerado como una desviación de “la” norma, y no es mera casualidad que las formas lingüísticas de la lengua se correspondan con una realidad en la que las mujeres ocupan un lugar subordinado, con roles previamente adjudicados, según una supuesta “esencia”.

Pensamos, hablamos y vivimos conforme a un paradigma estructural androcéntrico. Es el momento histórico de revisar con mayor sentido crítico y lucidez cada una de estas instancias, pero sobre todo la de nuestro lenguaje sobre Dios. Descubriremos hasta qué punto estamos condicionados/as por un marco teórico firmemente arraigado en el imaginario colectivo, cuyas prácticas son nefastas. Dicho lenguaje patriarcal impregna todos los ámbitos de la vida, lo cual significa que nuestro hablar sobre Dios no está exento de esta perspectiva. Si bien el uso del lenguaje inclusivo, a pesar de las resistencias, se va implementando cada vez más, el lenguaje cristiano sobre Dios todavía permanece reacio a incluir la realidad de las mujeres.

“El lenguaje cristiano sobre Dios que hemos heredado ha evolucionado en un marco que no valora la humanidad única e igual de las mujeres y que lleva los estigmas de tal parcialidad y dominio. Este lenguaje soporta ahora una serie de ataques, tanto por su complicidad con la opresión humana cuanto por su capacidad de desposeer de bondad y de profundo misterio a la realidad divina. (Schüssler, 33).

De ahí que en un contexto histórico, donde la cuestión de género es un tema emergente, es oportuno preguntarse: ¿cuál es el modo adecuado de hablar de Dios frente a la búsqueda de recuperación de la dignidad y la igualdad humanas de la mujer? Se trata de una cuestión crucial. Lo que está juego es la verdad sobre Dios, inseparable de la situación de los seres humanos y su dinámica en el mundo de hoy, en diálogo con la más sana tradición de las comunidades de fe.

“El lenguaje sobre Dios en términos exclusivos y literales de la patriarquía es un instrumento capaz de acomodar sutilmente la realidad, y que actúa para debilitar el sentido de la dignidad, el poder y la autoestima de las mujeres.” (Schüssler, 62). “Lo que necesita ser hecho añicos según la crítica teológica feminista es el yugo que supone el lenguaje religioso del Dios-él. Las imágenes y la conceptualización normativas de Dios siguiendo exclusivamente el modelo de los hombres con poder equivalen teológicamente a un ídolo, a una representación finita e impuesta y adorada como si fuera la plenitud de la realidad divina. Lo que se viola al mismo tiempo es la limitación de la creatura y el insondable misterio del Dios vivo”. (Schüssler, 62).

Efectivamente, este lenguaje excluyente que nombra a Dios de modo unilateralmente masculino conlleva rasgos de opresión e idolatría, porque pretende justificar las estructuras sociales de dominio-subordinación, opuestas a la genuina e igual dignidad humana de las mujeres, al mismo tiempo que limita el misterio de Dios. En otras palabras, intentar reducir la grandeza de Dios al monopolizante símbolo masculino, es un acto de idolatría porque convierte al varón en el dios a ser adorado. Este dios varonil quiere erigirse en la única representación válida para hablar de Dios, así también, aspira a concentrar en sí mimo la dignidad de toda persona humana, independientemente del género. Y esta prerrogativa se traslada a todos los estratos de la vida. En definitiva, el hombre pasa a ser el dios por excelencia.

Lo más curioso es que nombrando a Dios como: padre, señor, rey, soberano, etc. las homilías y pláticas “espirituales” se llenan de denuncias contra diferentes tipos de idolatrías. Pero no hay un atisbo de conciencia de que la postura existencial básica desde la cual se acusa es precisamente la misma en que se incurre. En este sentido, las palabras textuales de un sacerdote durante una eucaristía repleta de fieles fueron las siguientes: “el feminismo es cosa del diablo.” Lo rescatable de este hecho, aunque grotesco, es que al menos se verbaliza lo que se piensa. En cambio, lo deplorable es aquella situación que tras una fachada de amabilidad y espíritu amplio, se nombra, ensalza y mistifica el nombre de María, y en ella a todas las mujeres. Se piensa que, de este modo, las mismas quedan suficientemente incluidas. Ya no tienen derecho a reclamar absolutamente nada. Es el máximo acto de justicia para con ellas. Es todo lo que se merecen.

Ahora bien, dado que las visiones están empapadas de idolatría masculina: ¿cómo hablar de Dios incluyendo la experiencia de las mujeres? ¿Cómo nombrar y simbolizar a Dios de modo que la experiencia (de Dios), de las mujeres, quede suficientemente reflejada? Las mujeres, en las iglesias, no tenemos suficiente autoridad para nombrar a Dios en los “estrados” oficiales. Sólo lo tienen algunos varones con “poder”. Si lo hacemos, nuestro espacio es la periferia, detrás de los telones. Sin embargo, no podemos renunciar al que tenemos mientras vamos luchando por lo que debemos, por lo que en justicia nos corresponde.

De ahí que los nombres que le demos a Dios siempre irán marcados no sólo por nuestra identidad dinámica de mujeres, sino por nuestra realidad existencial concreta: experiencia de marginalidad, de dolor esperanzado, de resistencia activa, de sub-versión, de rebeldía digna, de misericordia crítica…

Lo cierto es que, por ahora, la infinita riqueza de Dios queda opacada por el monopolio de los nombres masculinos y de los atributos culturales que se les atribuye a los hombres.

Con todo, pienso que este momento histórico de incansable búsqueda debe mostrar a las generaciones venideras la experiencia real de las mujeres, sea cual fuere. Así como somos testigos del silencio secular al que han sido sometidas las mujeres que nos antecedieron, también lo serán las generaciones sucesivas respecto a nuestra realidad actual. No podemos ocultar nuestras heridas, nuestra tristeza, nuestros intentos fallidos, nuestros balbuceos, nuestras búsquedas, nuestras alegrías, nuestros sueños…

Queremos un mundo más equitativo que represente a Dios y hable de ELLA/Él de modo inclusivo, de manera que sea “natural” hablar de lo divino desde todas las experiencias humanas posibles. No podemos seguir encasillando a Dios/a en nuestros estrechos esquemas mentales y existenciales, pues lo que hacemos es ir matando el misterio de Dios/a, de la realidad en general y de la persona humana. Anhelamos vida y vida en abundancia, aquélla que se manifiesta en los estrados oficiales, en la periferia, en lo cotidiano, en lo irrelevante… Este anhelo que surge desde la periferia ha de ir transformando todos los demás espacios, incluyendo, naturalmente, las más “encumbradas” ágoras. Desde adentro hacia afuera, y desde abajo hacia el centro…

 

Teresa del Pilar Ríos

 

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Comentarios: 19
  • #1

    Nancy Olaya (martes, 07 junio 2011 21:00)

    Teresa, me gustó como escribes, la fuerza que le pones a tus afirmaciones. También me gustó la riqueza que le añadiste desde esa otra autora: Elisabeth Schussler. Bravo por eso.

    Efectivamente, como bien lo explicar, el lenguaje es determinante!!! Puede ser liberador y sanador o por el contrario puede ser tremendamente alienador y castrador!!!

    Y aquello de NO NOMBRAR... la invisibilización de las personas, sobre todo de las mujeres. Hace ya tiempo que rezo las oraciones en femenino, que ellos la recen en masculino y así tenemos una hermosa comunidad de ellas y ellos alrededor del misterio. Un abrazo y gracias por tu reflexión.

  • #2

    Judith Martínez. (martes, 07 junio 2011 23:30)

    Hola Teresita, me encanta tu escrito, como siempre.
    Siempre lo bueno es llamar a la reflexión y por supuesto cada párrafo de lo tuyo me hace pensar, sin embargo rescato esto:
    "...¿cuál es el modo adecuado de hablar de Dios frente a la búsqueda de recuperación de la dignidad y la igualdad humanas de la mujer?.Se trata de una cuestión crucial".
    Es verdad, es crucial. ¿Deberíamos de feminizar nuestro lenguaje al referirnos a Dios? por ej. "mi Diosa y Señora", ¿es así realmente?. Sólo pregunto. O deberíamos convencernos y convencer, de que Dios está por encima de lo que nosotros llamamos género, nos creó a Su imagen y semajanza, hombre y mujer.
    Es complicado, pero hago mías tus palabras "Con todo, pienso que este momento histórico de incansable búsqueda debe mostrar a las generaciones venideras la experiencia real de las mujeres, sea cual fuere".
    Un abrazo.

  • #3

    Claudia Guzmán (miércoles, 08 junio 2011 08:52)

    Hola Teresa!, Tu escrito me sugirio varias reflexiones. Cuando afirmas que "Con todo, pienso que este momento histórico de incansable búsqueda debe mostrar a las generaciones venideras la experiencia real de las mujeres, sea cual fuere", veo la importancia de este espacio, de nuestro blog, de esta red que estamos construyendo, aquí nos narramos, hablamos de nuestra experiencia, se escucha, se permite que nos interpelen, nos sugieran caminos, posibilidades.
    Hay metáforas femeninas de Dios en la Escritura, en la Liturgia, "Dios es como una mujer que pierde una moneda" "Dios es como una osa a la que le roban sus crías" "Dios es ruah". Sin dar lugar al dualismo, pero siendo conscientes de que lo femenino es válido para hablar sobre Dios, la experiencia femenina, sea cual fuere, es lugar de expresión del Misterio de Dios.

  • #4

    Nancy Olaya (miércoles, 08 junio 2011)

    Quiero darle la bienvenida a nuestro FORO a Judith Martínez. Qué rico tenerte entre nosotras!!! En horabuena!!!

  • #5

    Teresa del Pilar (jueves, 09 junio 2011 13:24)

    Hola Nancy, gracias por el reflejo que haces. Me gusta, sobre todo cuando dices: "Hace ya tiempo que rezo las oraciones en femenino, que ellos la recen en masculino y así tenemos una hermosa comunidad de ellas y ellos alrededor del misterio."

    Hace tiempo que las mujeres más críticas de las iglesias se han desconectado emocionalmente del "mundo oficial". Si se quiere mantener la dignidad y la salud mental, es preciso tomar la distancia que corresponde. Saber resistir y busar los mecanismos adecuados para hacerlo. Así interpreto muchas las opciones que vamos tomando en esta lucha. Es legítimo y saludable buscar formas de: "estar", "permancer" y "avanzar".

  • #6

    Teresa del Pilar (jueves, 09 junio 2011 13:42)

    Judith! ¡Qué grata sorpresa encontrarte, amiga, por aquí! Bienvenida, que sigas enriqueciéndos con tus visiones!

    Les cuento amigas que Judit es una admiradora de las teresianas. Vive en Asunción y forma parte del círculo de las "químicas", al igual que Claudia Guzmán.

    Judith!! Te cuento que me encanta ese lenguaje: "mi Diosa", "mi Señora"... suena diferente, suena dulce. Pentra las entrañas, la inteligencia, la vida, la identidad, la dignidad. Es realmente bello orar así. Orar desde la propia experiencia, ya no de modo enajeado. Qué bonito todo esto!!! Gracias...

  • #7

    Teresa del Pilar (jueves, 09 junio 2011 13:52)

    Claudia! Encuentro razón a lo que dices: en este blog tenemos la oportunidad de narrarnos, hablar de nuestras experiencias, escucharnos, interpretarnos, sugerir posibilidades... Esto, ciertamente, es necesario, pero tampoco podermos perder de vista la adevertencia que nos hace Marcela Lagarde: "hablar sólo desde closet". No podemos permitir que toda esta riqueza quede sólo a nivel de closet. Creo que es momento de pararse a hablar en las "ágoras". Sí, este espacio, pero también aquéllos donde se deciden sobre nosotras, sobre nuestras vidas. En los espacios de decisiones.
    Un beso.

  • #8

    Mónica Robledo (domingo, 12 junio 2011 04:24)

    Muy bueno tu escrito Teresa!!
    Me hizo recordar que a raíz de el escándalo que provocó que la bendición del la Iglesia de la Sagrada Familia en Barcelona la participación de las mujeres se limitara a la limpieza del altar después de ungirlo, publicaron en una página de una diócesis un anuncio que decía "¿La Iglesia discrimina a las mujeres?" y comenzaba con muchas fotos de santas, casi todas monjas, castas, o mujeres maltratadas que aguantaron a su marido... Para mi refleja muy bien lo que se dice oficialmente en algunos sectores de la Iglesia sobre el valor de la mujer o de lo femenino y eso es lo que podría aplicarse para su hablar de Dios.
    Sobre nuestro hablar público me encantó esta iniciativa http://planocreativo.wordpress.com/?p=34732&preview=true
    Un saludo!!

  • #9

    Teresa del Pilar (lunes, 13 junio 2011)

    Hola Mónica!! Gracias por tus palabras, gracias por compartinos la página. La he puesto mi facebook, qué impresionate. No tiene desperdicio las resonancias a la misma. Es claro que esta inquitud, aunque sea de pocos/as, no tiene vuelta atras. No me cabe duda. La realidad se impone, nos guste o no. No podemos manipularla. Nuestra salvación está en la realidad. Bendita realidad!! Un abrazo.

  • #10

    Claudia Guzmán (jueves, 16 junio 2011 20:34)

    A lo mejor podrías y todas las del blog abrir una cuenta en Twitter, para continuar compartiendo artículos y temas de interés, ampliar la red, además de nuestro blog.

  • #11

    Rosa Emma (viernes, 17 junio 2011 20:14)

    Hola Teresa me encantan los aportes que nos das, me parecen muy significativos, profundos... estoy totalmente de acuerdo contigo en lo referente al lenguaje, aquí en Colombia y me imagino que en todo el mundo el primer paso que damos las mujeres en nuestros espacios es la utilización del lenguaje inclusivo.

    En cuanto al ámbito eclesial realmente la situación es compleja, hay algunos intentos de liturgias con lenguaje inclusivo, sé de una en Cartagena del Chairá – Caquetá, creo que es importante que empecemos a pensar en estrategias al respecto en los lugares en los que podamos y logrando aliados.

  • #12

    Teresa del Pilar (domingo, 19 junio 2011 13:15)

    Hola Rosa Emma, sí yo siento que éste es un espacio donde aprendo mucho junto a ustedes, pues cada cual lo hace desde un punto de vista particular. Enriquecedor.

    El tema del lenguaje inclusivo es realmente difícil, incluso entre nosotras (teresianas). No se ha llegado aún a dimensionar el significado del mismo, además, hay prejuicios... Tenemos que empezar por casa...

  • #13

    Maria Jose Rosillo (domingo, 03 julio 2011 03:05)

    Querida Teresa, de haber sabido que ibas a hacer una síntesis tan magnífica del texto, me hubiera evitado leerlo yo. Bromas aparte, me parace fantastica tu aportación crítica y mettódica de los capitulos. Me quedo con esa desgraciada afirmación sobre "lo que no se nombra no existe" y que pone de manifiesto todavia tantos silencios forzosos dentro de esa iglesia, que no sé por cuanto tiempo, seguiré considerando mia.
    en tus aportaciones en los comentarios, veo con agrado, a la vez que conprofunda solidaridad, cómo "hemos de distanciarnos de esta igleisa oficial nuestra" si no queremos perder la salud mental. cuanta razon tienes, permiteme que esta frase te la robe en algun momento. Y respondiendo también a monica, me parece tan triste esta realidad de "empleadas de hogar" dentro de la institución...Pero bueno, estamos aqui verdad? en este foro, y dando mucha mucha guerra y aportando reflexiones como las tuyas que a algunas nos vienen muy bien.
    un abrazo desde Sevilla. MJ Rosillo.

  • #14

    Teresa del Pilar (martes, 05 julio 2011 09:39)

    Hola María José!
    Gracias por las resonancias, éste es un espacio no sólo de aprendizaje, sino un espacio terapéutico, sanador. Un espacio donde nos permitimos pensar, sentir y expresarnos en voz alta, con libertad. Acogernos en solidaridad y sintonizar con nuestras búsquedas. Así vamos forjando un bloque de mujeres fuerte y débiles que "resisten" con dignidad. Y para ello comparten y ponen en común todo lo que tienen a disposición. De ahí que, con toda libertad, toma y aprovecha las expresiones, imágenes, experiencias que te parezcan oportunas. Esto es un signo magnífico de sororidad. Un abrazo

  • #15

    Víctor Ríos (martes, 05 julio 2011 14:31)

    Hola Tere .estoy de acuerdo en muchas aspectos de tu escrito, sobre los espacios de relevancia que tendrían que tener las mujeres en en la vida política y sobre todo en nuestra iglesia, pero honestamente, no sé en qué medida una cuestión gramnatical puede hacer la diferencia. Yo creo que la equidad y la dignificación de las mujeres a lo largo de la historia va mucho más allá de un "artículo", es una cuestión de actitud y sobre todo una cuestión de hechos.
    Pero sí, tus artículos siempre son espacios de reflexion.

  • #16

    Teresa del Pilar (miércoles, 06 julio 2011 16:52)

    Hola Victor, él es mi hermano menor, así que tengo toda la libertad para decirle lo que creo (es broma). Ante todo, bienvenido a nuestro bloc, es un gusto para nosotras tenerle, por fin!, a un varón. En tu caso, me consta de que eres un gran reconocedor de los derechos de la mujer. Y eso se ve en hechos muy concretos. Ciertamente, todavía hay que ir leyendo un poco más para ir entendiendo mejor cómo funciona y viene la mano sobre el nombre de Dios/a y la relevancia que tiene no sólo para el discurso, sino para la práctica. Papi, te invito a leer el libro de Elizabet J. "La que es", te lo puedo pasar, lo tengo digitalizado. Me alegro mucho tu interés por estos temas, se ve que es una cuestión que se lleva en la sangre. Visítamos con más frecuencia. Un gran abrazo de tu hermana que te quiere!!

  • #17

    Nancy Olaya (miércoles, 06 julio 2011 20:58)

    Hola Victor!!! Bienvenido a nuestra página. Que grato tenerte con nosotras y sobre todo, saber que eres hermano de Pilar. Mientras que te ilustres sobre el lenguaje no sexista, quiero compartirte alguna idea.

    Una de las manifestaciones más notables de la violencia contra la mujer, es la ocultación en el lenguaje. La razón es simple, el lenguaje es el elemento que más influye en la formación del pensamiento de una sociedad. Por tanto, mientras nuestra habla cotidiana siga haciendo invisibles a las mujeres, no conseguiremos conformar una sociedad igualitaria.

    Un abrazo y te esperamos.

  • #18

    María Osanna Ramirez (jueves, 05 enero 2012 15:35)

    Hola a todas y a vìctor. De hecho, replantearnos en utilizar un lenguaje hablado y escrito no sexista llevará mucho trabajo de jardinería: remover, sacar, remojar, mojar, volver a sembrar... pero, es urgente. Acà en Paraguay hablamos ademàs del castellano, el guaraní, en este idioma algunas expresiones no discriminan varòn de mujer. Pero tambièn algunas tienen un origen etimológico bastante desgarrador; Por ejemplo !ªKUÑAª )MUJER) DERIVA de ku: lengua y ÑA DE AÑA; MAL O MALDAD. VARÒN )KUIMBA`E )DUEÑO DE SU PALABRA)-

  • #19

    Teresa del Pilar (jueves, 02 febrero 2012 11:49)

    Hola Osanna, tenés toda la razón! No había caido en la cuenta de este "detalle" concreto del guaraní. En cambio, soy consciente de que esta lengua, como muchas otras, es bastante patriarcal (reflejo de la situación generalizada). Una prueba más de que toda lengua esconde un modo de estructurar la realidad. De ahí el desafío de ir configurando una realidad más equitativa en todos los ámbitos de la vida. Un abrazo grande querida cuñadita!