Hablar de Dios en la encrucijada de las grandes preocupaciones

Comentario al libro “La que es”: El misterio de Dios en el discurso teológico feminista”. De Elisabeth A. Johnson. Parte I.


Me atrasé en la lectura de esta obra, pero ha merecido la pena llegar al final de la primera parte, y darle coherencia a todas estas aportaciones de la autora. Uno de los objetivos de esta obra, se resume perfectamente en uno de los epígrafes y que habla de “poner en contacto la sabiduría feminista con la sabiduría clásica”, y desde ese intento, se desarrollará el resto de la argumentación. Podría extenderme tanto como lo permiten las continuas reflexiones surgidas de cada idea, pero intentaré destacar las más llamativas. Porque estas páginas dan mucho de sí.


La autora nos hace tomar conciencia de cómo la forma que tenemos de hablar y mencionar a Dios como masculino, va a conllevar que lo masculino, se identifique a lo divino, como nos recuerda la teóloga Mary Daly. Desde esta concepción masculinizada de lo divino, lo femenino, es como si apareciera excluida de la divinidad.


En estas páginas se hace un tratado del “lenguaje sobre Dios”. ¿Cuál es el modo adecuado de hablar de Dios?. Dependiendo de cómo abordemos el asunto, nos estaremos refiriendo al “punto decisivo de referencia para la comprensión de la experiencia humana, de la vida y del mundo…y este lenguaje moldea la identidad de la comunidad y guía su praxis


Llegamos a conocer a ese Dios*, porque en nosotros hay esencia de divinidad, pero no podemos conocerle de otro modo que no sea el humano, porque es lo que somos. Esta es una forma limitada de conocer, pero no debemos además limitar el término aún más, sesgándola al lado masculino de su esencia.


Por otra parte, la autora nos dice que hablar de un Dios benéfico y amoroso que perdona las ofensas “haría que la comunidad de fe se preocupe por el prójimo y por el perdón mutuo”.


A partir de la nueva concepción del Dios/diosa, que siempre se nos olvida contemplar, podríamos incluir en ese sentir de la presencia divina, la experiencia de las mujeres, como seres igualmente semejantes a él/ella, porque formamos parte de su esencia. Y “un lenguaje sobre Dios acuñado exclusivamente en términos masculinos, no apunta a la participación por igual de hombres y mujeres en ámbito de lo divino”… “Las imágenes masculinas permiten a los hombres participar plenamente en él, mientras que las mujeres sólo pueden conseguirlo haciendo abstracciones de su identidad concreta y corporal de mujeres, y su disposición (según palabras de Carol Christ), será la de confiar en el poder masculino”.


Dios entonces es una palabra limitadora que deja a las mujeres apartadas de su posibilidad de conocerlo y experimentarlo.


Recuerdo que esta misma afirmación me chocó cuando comencé mis estudios de teología feminista. Luego mis compañeras me enseñaron a nombrarla como Diosa, y recordar en ella la espiritualidad ancestral que se nos ha perdido por la influencia patriarcal y occidentalizada. Después de siglos de enseñanzas fragmentadas por el tamiz patriarcal, resulta muy difícil o muy extraño a nuestros labios, orar con la diosa, o con la madre/Dios. Es como si nuestros esquemas mentales nos “chirriaran”. Sin embargo, es bueno tomar conciencia de estas limitaciones del lenguaje, que de forma subliminar condicionan nuestros esquemas de conocimiento y de pensamiento. Y al mismo tiempo, volver a nuestras fuentes.


La autora explica más adelante como “la Escritura y la tradición son ambiguos monumentos históricos a la visión que tiene el patriarcado de su propia justicia…y no puede darse por supuesta sin más…


A pesar de todo, siguen siendo fuente de vida para millones de seres humanos.(…)

Por otra parte, (y esto creo que es el pilar que va a conducir esta obra), la experiencia interpretada de las mujeres es tan diversa como mujeres concretas hay,La sensibilidad ante lo diferente es una virtud intelectual acogida por el pensamiento feminista que se resiste a siglos de definición unívoca sobre la naturaleza de la mujer.” Y es precisamente un reto a esta reformulación de Dios, que a su vez nos haga posible una nueva reformulación de nuestros esquemas de pensamiento.


Y así,Mujeres pertenecientes a tradiciones judías y cristianas han ofrecido nuevas lecturas de la tradición. Mujeres de diferente orientación sexual y de distintas relaciones familiares, aclaran el sentido de la fe desde la ventaja de sus propios puntos de vista vitales.”


Quiero destacar esta frase en la que dice que existen “Numerosos modos de hablar de Dios…entre esa sinfonía de voces, a veces claramente discordantes”, pero que deberían convertirse en una visión multicultural de la identidad de lo divino, y que permitiría la convivencia entre los pueblos, con un único Dios de referencia. No tienen desperdicio las palabras de la autora cuando nos recuerda el mal uso que se ha hecho de la palabra “Dios” y las barbaridades contra la humanidad y contra las mujeres en particular, en su nombre. “Ese simbolismo de dios, rey, masculino, señor, dominante…refuerza las estructuras patriarcales”. Y estas estructuras consiguen mantenerse durante siglos. La autora habla de “escotosis” para referirse a esa cerrazón de mente ante una sabiduría que cree innecesaria, pero que en el fondo lo que anuncia es miedo al conocimiento y al avance. O el término “escotoma”, como la ceguera resultante que dificulta el pensamiento posterior o la apertura de miras.


En este sentido, continua la autora diciendo que “Cualquier grupo particular puede padecer una pizca de ceguera… Tal prejuicio grupal tiende decididamente a excluir algunas ideas provechosas y mutilar otras por compromiso. La escotosis se produce cuando el interés por el grupo se sitúa por encima de la inteligencia. Cuando los seres humanos son violados, humillados, desprovistos de dignidad, la gloria de Dios queda empañada y deshonrada. Una comunidad de justicia y paz y la gloria de Dios crecen en proporción directa.” Algunas criaturas son degradadas en nombre de una visión distorsionada de la voluntad divina.


Pero es rotunda la autora al afirmar que “La gloria de dios es la mujer, todas las mujeres, cada mujer de cualquier lugar, plenamente vivas. Cuando las mujeres son violadas, humilladas y desprovistas de dignidad…la gloria de Dios queda empañada.”(…) “La teología elaborada desde esta nueva perspectiva de la mujer, apremia a una dura crítica del lenguaje tradicional sobre Dios, porque excluye las experiencias de las mujeres, así como la posibilidad de que todas nosotras podamos identificarnos con un dios dominador, explotador, masculino y defensor de estructuras patriarcales, cuando tenemos la seguridad de que el discurso sobre Dios, va mucho más allá de esta limitación lingüística.”


Tenemos que hablar de “crisis de reformulación”, y este término es lo bastante contundente como para darse cuenta de lo que supone reflexionar, aunar criterios y volver a definir.


¿Y cómo percibimos y conocemos a Dios? “La realidad divina no puede ser captada en conceptos e imágenes; pero al mismo tiempo Dios es personal. A veces es preferible hablar de Dios con símbolos personales. Pensamos a través de imágenes y hasta los conceptos de raíz más abstracta llevan restos de imágenes originales que le dan vida.”

La teología universal, el mundo en general, no puede seguir descartando la experiencia religiosa de las mujeres, con lo ello supone de cambio de esquemas y estructuras aparentemente inamovibles. “La experiencia religiosa de las mujeres es una fuerza generadora de estos símbolos. La mujer se convierte así en un nuevo canal para hablar de dios…hablar del misterio divino con símbolos femeninos para demostrar su capacidad de transmitir la presencia y el poder divinos. El discurso emancipador cristiano feminista pretende fortalecer a las mujeres en su lucha por hacer históricamente tangible su propia humanidad como imago Dei. Este esfuerzo por renovar el lenguaje sobre Dios es vital para la iglesia y para el mundo”.


El resurgir de la mujer, como título del siguiente epígrafe del libro nos anuncia un enfoque liberador para nosotras.

 

María José Rosillo

 

Escribir comentario

Comentarios: 3
  • #1

    Claudia Guzmán (martes, 21 junio 2011 17:51)

    Hola María José, Al leerte vi cómo es tan crucial la manera como se piensa, imagina, concibe...a Dios, porque esto termina configurando nuestras relaciones humanas. El pensar en un Dios semejante a un gobernante, jerarca, juez, masculino influye en los matices que adquiere la valoración que tenemos de las personas y en nuestras relaciones con ellas.
    Siempre es bueno leer el contenido de tus artículos. Gracias.

  • #2

    Rosa Emma (miércoles, 22 junio 2011 10:15)

    Hola María José

    Muchísimas Gracias por el aporte que nos regalas con tu reflexión.

    Me parece muy acertada tu invitación a volver a las fuentes, considero que está es una clave muy valiosa, realmente son muchas las mujeres que desde los rincones del planeta lo están haciendo, es una tarea crucial a la que no podemos darle largas.

    Es preciso conjugar la conciencia presente de quienes somos, con el gozo de practicar nuestro poder creador de nuevas formas de vivir, transgrediendo los códigos de sumisión a los que permanentemente nos vemos enfrentadas.

    Debemos apropiarnos de la palabra y del conocimiento para encararnos con la cultura del encubrimiento de todas las formas de violencias hacia las mujeres.

  • #3

    Nancy Olaya (martes, 28 junio 2011 17:27)

    Hola querida María José. Haces una muy buena compilación de los principales planteamientos de la autora. Estamos como bien dices, ante un hecho muy importante ¿cómo hablar de Dios en esta encrucijada histórica? La pregunta también se puede plantear de la siguiente manera: ¿qué símbolos religiosos son pertinentes y útiles hoy?

    Voy encontrando respuestas, algunas de ellas las rescate del libro de E. Johnson, otras en otras fuentes igual de valiosas. Quiero transcribir un párrafo de otra autora que estoy leyendo: Carol P. Christ, en el libro DEL CIELO A LA TIERRA. Dice así:

    "Para contestar estos interrogantes, primero tenemos que comprender la importancia de los símbolos religiosos y de los rituales en la vida humana... Los símbolos tienen consecuencias psicológicas y políticas, debido a que crean las condiciones interiores (actitudes y sentimientos profundos) que llevan a las personas a aceptar o sentirse cómodas dentro de las organizaciones sociales y políticas... y puesto que la religión tiene una fuerza tan poderosa en la psique de tantas personas, las feministas no pueden permitirse el lujo de dejarlas en manos de los padres..."