Recuperar el legado de la experiencia de la Imagen de Dios

Un día una de mis profesoras lanzó la pregunta ¿Te sientes Imagen de Dios? ¿Crees que incluso los varones se sienten Imagen de Dios? Pensé mucho en ello y como ocurre con las preguntas profundas no sacas respuestas fáciles ni absolutas. Pero reflexionaba que es cierto que la Imagen de Dios se ha asociado con algo que hay que lograr, “algún día”, cuando se consiga trascender lo pecaminoso o lo malo. Es decir la realidad de la persona a imagen de Dios se asocia a connotaciones éticas y morales; sin hablar de las dificultades que plantea el que en las primeras catequesis de niñas y niños (yo incluida), las láminas y dibujos mostrasen a un Dios de barba, masculino, todopoderoso, etc.

A lo mejor no fue la intención de mis catequistas, párrocos, etc, pero absoluticé esa imagen, hasta el punto de que sólo apenas comienzo a pensar en Dios con otro tipo de metáforas, y a considerarlas tan válidas y a la vez tan limitadas, como las masculinas. Hablando con muchas personas, mujeres y hombres, sé que no sólo a mi me sucedió así.

Algo que me ayudó de la lectura de esta parte del libro y de otras lecturas que he hecho, es la invitación a reflexionar en Dios, entendiendo que nuestra comprensión de Ella/Él siempre serán imágenes, o metáforas, y para ello es muy útil acudir a experiencias trascendentales y fundantes, dadas en muchos casos en la cotidianidad de la existencia: un viaje, la muerte de alguien, una decisión importante, un encuentro con otras y/u otros, el lanzarse a hacer aquello que pensamos que no era lo nuestro, y a lo mejor allí, justo en ese “espacio y lugar”, estaba la experiencia que nos revelaría un poco más nuestra identidad más profunda. En otras palabras la imagen de Dios se configura acudiendo a la vida de las mujeres (y los varones) como espacio donde acontece y se revela Dios.

Personalmente estoy cansada de identificarme con la experiencia masculina, en muchos ámbitos, especialmente el religioso. Ha habido varones que me ayudaron y me aportaron, pero ahora cuando les intento escuchar de nuevo, encuentro en su mensaje rasgos excluyentes e incluso condescendientes hacia las mujeres. En algunas conferencias espirituales, clases en la universidad y otros espacios, siempre tuve la sensación de que el profesor nos hablaba de una experiencia en parte ajena, que nos era prestada en la medida en que teníamos la inteligencia y la audacia de parecernos a ellos, de ser como ellos, quienes en últimas la habían redactado. En la oración me molesta repetir en tantos salmos la palabra “hombre” como generalización de la experiencia humana, supongo que en esto se necesita la creatividad y la conciencia para decir lo que se quiere decir hoy y desde quien se dice, en mi caso una mujer.

Estos días leí una frase de Madonna Kolbenshlag, una teóloga estupenda quien decía: “mi metáfora sobre Dios es la de una luna con muchas fases que van cambiando a medida que avanzo en el camino”. Definitivamente me siento así, feliz con esta experiencia de reflexión sobre Dios ahora en mi vida y si lo permiten en las vidas de quienes compartimos en este blog; no la cambiaría por nada; Mónica escribió hace poco algo sobre la temporalidad de la Imagen de Dios “seguramente esta actual se romperá de nuevo”, para volverse a construir una nueva, parecida o distinta pero por su gracia, liberadora.

Un saludo a todas y a todos.

Claudia Guzmán

 

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Comentarios: 10
  • #1

    Rosa Emma (miércoles, 22 junio 2011 10:37)

    Hola Claudia

    Gracias por tu compartir.

    Valoro este camino que vamos haciendo, la posibilidad de acompañarnos.

    Coincido contigo en el cansancio que produce estar siempre referidas a un Dios en términos exclusivamente masculinos. Creo que cada una desde nuestro lugar hemos creado las estrategias para poder vivir la experiencia de Dios(a) de una manera diferente, indudablemente hay mujeres que han sido muy valientes y osadas y se han lanzado en caminos bastante arriesgados, muchas veces siento el deseo de unirmeles... pero aún permanezco y me siento absorbida en mi cotidianidad.

    Ojala desde aquí pudieramos pensar en algo que pudieramos hacer conjuntamente y que tuviera una mayor incidencia.

  • #2

    Claudia Guzmán (martes, 28 junio 2011 12:11)

    Gracias por comentar Rosa Emma, es verdad que en la cotidianidad debería ser donde se comiencen a gestar las transformaciones que nos lleven a ser más amplias y profundas en las maneras de vivir la experiencia de Dios. Un saludo.

  • #3

    Teresa del Pilar (martes, 28 junio 2011 13:05)

    ¡Hola Claudia!
    Hay varios puntos que me gustan mucho de tu escrito. Empiezas mencionando las preguntas disparadoras de tu profesora. Qué sabio es formular preguntas y permitir que sean formuladas. Comparto contigo eso de que las preguntas profundas no son fáciles de responder ni siempre se merecen respuestas absolutas. Pero cuánto nos gustan las respuestas categóricas, cerradas, absolutas, dogmáticas… y más aún cuando provengan de alguna “autoridad”. Claro, nos exime pensar, ¿pero a costa de qué?
    Por otro lado, qué terrible eso de moralizar la imagen de Dios. Supuestamente llegamos a ser imágenes de Dios cuando conseguimos “trascender lo pecaminoso”. Y no sólo esto, sino que cuando logramos ser “buenas/os” estamos en condiciones de ser imágenes “masculinas” de Dios. Imágenes excluyentes, condescendientes, enajenantes… para las mujeres. Ergo, lo bueno es lo masculino. Y lo masculino es Dios. Cruda ecuación. Imágenes moralizantes y masculinizantes de Dios para las mujeres (y los varones). Ciertamente, estamos cansadas de identificarnos con la experiencia masculina de Dios; sobre todo, cuando en la oración y en la liturgia la palabra “hombre” pretende “incluir” la experiencia de las mujeres.
    En cuanto a la imagen de Dios, me acojo con gusto, no sólo estético, a la metáfora de Madonna Kolbenshlag: “la de una luna con muchas fases que van cambiando a medida que se avanza en el camino”.

    ¡Gracias por tu aporte! Un abrazo.

  • #4

    Nancy Olaya (martes, 28 junio 2011 18:42)

    Claudi, gracias por tu compartir. Sé que por esta época estás trabajando este tema a profundidad y sobre todo lo estás aplicando a una población femenina en particular, me atrae eso que haces... voy a resonar lo siguiente:

    Bien dices "que nuestra comprensión de Ella/Él siempre serán imágenes, o metáforas". Estoy pensando ahora en la tradición judeo-cristiana que ha dogmatizado y absolutizado la imagen de Dios como "Padre", olvidando que el misterio divino no lo podemos agotar con un concepto o una palabra. Permíteme recordar esta gran verdad con palabras de San Agustín: "Si hemos entendido, entonces lo que hemos entendido no es Dios"... o aquello de Sallie McFague, feminista americana, conocida por su análisis de cómo la metáfora se encuentra en el corazón de la manera en que podemos hablar de Dios, ella dice:

    "Dar el salto a la metáfora, toda vez que ningún lenguaje sobre Dios es adecuado y todos sus contenidos impropios". La cita E. Johnson en LA QUE ES.

  • #5

    Maria Jose Rosillo (domingo, 03 julio 2011 02:55)

    Querida Claudia, coincido contigo en tu intento de desear conciliar lo recibido en nuestra infancia y adolescencia, o en lo aportado por nuestros "guias masculinos", pero siempre podemos hacerlo verdad?. Afortunadamente tenemos hoy, como tu resumes en tu aportación, la capacidad de poder ver desde otros ojos, aprendidos desde esta autora, o muchas más, que no sé si tendremos tiempo de leer copeltamente, y que nos permitirá re-construir lo aprendido.
    Me divierte ver cómo hay otras compañeras y hermanas de camino, como tu, a quién tambien le molesta a veces encontrarse en las escrituras con tantos nombres de varon. estuve tentada de re-escribirla copeletamente y sustituir los términos por otros neutros, pero no pase del captitulo 2 del genesis. Creo que lo dejaré para otra vida en la que tenga más tiempo. permiteme que te tome prestada la frase de esta teologa, a la que mencionas: M. Kolbenshalg y la metafora de dios como luna con muchas fases. en esta etapa de mi vida personal, la estoy experimentando tal y como dices. muchas gracias por compartir todo esto. MJ Rosillo.

  • #6

    Mónica Robledo (martes, 12 julio 2011 16:47)

    Llevo días haciéndome la pregunta de si me siento imagen o no... me he sentido imagen o no... gracias por compartirla... también me gustó mucho la idea de "mi metáfora de Dios" Aún no tengo palabras pero quería agradecer tu aporte.

  • #7

    Claudia Guzmán (martes, 19 julio 2011 15:21)

    María José, Gracias por tu comentario, estos días he hecho el ejercicio de reaprender la presencia de Dios como femenina, y porque todavía lo necesito, me apoyo en una metáfora que me ayuda mucho: la Shekinah...ahi vamos. Un abrazo y sigamos compartiendo

  • #8

    Claudia Guzmán (martes, 19 julio 2011 15:24)

    Mónica, creo que tmbn tenemos derecho a preguntarnos allí en el interior: ¿"A Ti te siendo imagen mía"?, ¿creer en Ti me habla de mi experiencia, te revelas cercan@?. Hablo de mi por supuesto. Un abrazo, y gracias.

  • #9

    Claudia Guzmán (martes, 19 julio 2011 15:26)

    Gracias Nancy por tu comentario, así que acaso las propias definiciones, es decir nuestra propia antropología también sea una metáfora, o mejor dicho: una manera propia de definirnos como personas-mujeres también deba acudir a las metáforas. Un abrazo

  • #10

    Claudia Guzmán (martes, 19 julio 2011 15:29)

    Hola Teresa del Pilar, se es Imagen de Dios o se llega a ser, estos santos padres decía que se llegaba a ser, cuando se alcanzara la razón espiritual, de la cual las mujeres carecemos, según su pensamiento medieval y antiguo, etc. Como realidad ontológica que es verdaderamente, se está entonces llamada a reconocerla ya, ahora, en la experiencia. Un abrazo, y gracias por tu comentario.