Cuando la Imagen de Dios se concibe desde la experiencia humana de las mujeres

La experiencia es la manera cómo hacemos presente dentro de nosotras el mundo y lo que pasa en él, pero es también la manera como nos hacemos presentes en el mundo. En un nivel más amplio, es la forma específica de interpretar, aunque dentro de una cultura y con los condicionamientos de ésta, toda la realidad (Boff, Gracia y experiencia humana, 57). En el plano existencial, quienes hemos experimentado, terminamos afrontando la vida, con los peligros que ello comporta y los desafíos. Este proceso nos ha supuesto seguramente ensayar, equivocarnos, vencer dificultades, intentar, comenzar otra vez. Por tanto, sólo quien ha “experimentado” es capaz de entender lo que una “experiencia de vida” implica. La gente dice “nadie sabe la sed con la que bebe la otra”. El caso es que de esta manera la experiencia lleva al conocimiento, la experiencia de vida te hace conocer, y la experiencia de Dios te hace conocerle a Él.

A lo mejor no tenemos definiciones ni discursos sistemáticos sobre el dolor, la alegría, el sufrimiento, la felicidad, pero si los hemos experimentado sabemos “qué son”; y plantearnos estas preguntas tampoco es gratis, es algo que se da en cada una/o porque tenemos una capacidad de abrirnos a lo trascendente. También suele ocurrir que tenemos una concepción o idea sobre alguna de estas realidades, pero sólo al narrarlas, esa “idea” parece cobrar vida y sentido. Es pues, muy grave, cuando no conjugamos las ideas que nos transmiten desde fuera con la propia narración atravesada por la experiencia. Porque entonces, realidades y experiencias como la experiencia de Dios, quedan sin consistencia. En palabras de una teóloga que leí alguna vez, quedan “como un conjunto de dogmas bien aprendidos para colgar en un perchero”, pero vacíos de sentido, o en otros casos, se llega a prescindir por completo de ese tipo de ideas o conceptos que derivan en apatía por todo lo que tenga que ver con ellos.

¿Pero Dios cómo tiene que ver con la experiencia de las mujeres? Si es el anciano de barba blanca, pater, que vive en los cielos, creo que muy poca. Pero si se trata del Dios de la revelación, que acontece en la historia, y además en la historia humana de mujeres y hombres, creo que tiene que ver con todas. Es algo tan simple como esto: si creo que Dios es justo, y yo misma soy imagen de Dios, ¿Cómo entiendo en mi misma la justicia? ¿Qué arquetipos están presentes allí? Infortunadamente, la justicia, o Dios justo, se entiende y además se transmite, mayoritariamente bajo un imaginario masculino; pero es tarea de cada una (y cada uno también) identificar la manera como esos atributos se hacen carne, vida, realidad en su propia experiencia, y también desde la perspectiva de la fe, juzgando a la luz de la Escritura, que según E. Johnson, es muy iluminadora sobre todo cuando se cuenta con los textos  en los que se habla de Dios a partir de metáforas que aluden a la experiencia de las mujeres (la justicia de Agar en el Génesis, por ejemplo).

Las metáforas que se usan para hablar de Dios determinan nuestra orientación vital. Dios fundamenta los principios, las opciones, los valores de la persona creyente; por lo tanto el lenguaje de la imagen de Dios expresa la visión de mundo, el ordenamiento y el sentido de la vida, de las relaciones y por supuesto también la imagen de ser humano que se tiene. (E. Johnson, La que es). Las experiencias en las cuales se ha modificado esa cosmovisión, la imagen de ser humano, mi propia imagen, la imagen de Dios, constituyen realidades vitales en las que hay que buscar la manera como acontece Dios, son los lugares de experiencia teológica que cada persona, lo reconozca o no, tiene.

Expresar a Dios, significa en el fondo hablar de la imagen de ser humano que se concibe, y ¿Cuál sería entonces tal imagen de ser humano cuando Dios es concebido como un ser masculino omnisciente, jerarca?, o quizás como una Trinidad descrita únicamente con rasgos masculinos. Estas concepciones terminan teniendo unas consecuencias muy concretas porque si negamos atributos femeninos a Dios, o mejor, si negamos que la experiencia de las mujeres es imagen de Dios, consecuentemente mantenemos una dependencia sicológica de lo masculino; lo masculino en sí mismo se sacraliza como salvífico, en cambio el poder femenino aparece como insuficiente, e inferior.

Una de las metáforas más generalizadas es la del padre, anciano de barba blanca que todo lo ve y lo sabe. Según E. Johnson, “el simbolismo del Dios patriarca funciona para legitimar las estructuras sociales patriarcales en la familia, la sociedad y la iglesia”. Podemos olvidar con frecuencia que todas las expresiones utilizadas para definir a Dios son analogías, y por tanto absolutizar alguna metáfora de Dios como oficial, única, es idolatría, porque en no pocas ocasiones esa imagen le ha cerrado el paso a otras igualmente válidas, e igualmente limitadas. Ninguna expresión masculina sobre Dios es superior a cualquier analogía femenina que intente expresar el Misterio. Se trata entonces, de liberar a Dios de su ancestral cárcel patriarcal (E. Johnson, 160). Imágenes hermosas citadas por la autora son: Dios Sabiduría sagrada (libro de la Sabiduría), Dios Madre (Mt 27, la comparación de la gallina que reúne a sus pollos), Dios como Mujer que amasa el pan (Lc 13, 8), Dios como Mujer que teje (Sal 139, 15) Dios como Mujer que persigue a su amado (Cantar de los cantares), Dios como ave madre escondiendo a su nidada bajo sus alas (Sal 17, 8), Dios como Mujer que busca una moneda y barre la casa (Lc 15, 8-10).

¿Qué es lo concluyente entonces? Que Dios acontece en mi experiencia vital y la tuya, y que por ello, la biografía se convierte en lugar de encuentro con Él/Ella. Que Dios revela nuestra identidad más profunda; pero también que yo misma y las demás personas, somos metáfora de Dios. (“Y creó Dios al ser humano a su imagen y semejanza, a imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó” Gen 1, 27)

Un saludos a todas y todos.

Claudia Guzmán @clauguzmn

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Comentarios: 8
  • #1

    Nancy Olaya (miércoles, 24 agosto 2011 15:31)

    Claudi: que buen artículo!!! Puedo resonar muchos planteamientos contenidos en él, pero voy a centrarme en el siguiente.

    En nuestra tradición eclesial, "hemos sacralizado lo masculino como salvífico y como imagen de Dios por excelencia". En este último mes, en un encuentro con profesoras/es un chico me pregunto, hablando sobre el tema, si el dogma de Dios Padre tenía validez o no. Le dije que no se trataba de un dogma, aunque en la iglesia católica nos hemos situado frente a esta "metáfora" como si lo fuera.

    Dios es como un padre, pero también es como una madre. Pero no es un padre o una madre. Es más!!! El pecado ha sido, absolutizar el símbolo masculino, en detrimento del femenino. Ni lo uno ni lo otro son símbolos inequívocos. Son insuficientes y limitados.

    A lo anterior se le suma, como bien dices, la carga política e ideológica que contienen. Dios padre ha legitimado el poder y el gobierno con exclusividad de los varones en la familia, en la iglesia y en la sociedad.

    La tarea de la teología y de la pastoral es desmitificar y desacralizar los símbolos masculinos de Dios y proponer un equilibrio de metáforas en las que tanto la mujer como el varón tengan el mismo derecho a representar analógicamente a la divinidad. Y por ende, devolver politicamente el poder a la mujer de NOMBRAR, de representar la realidad, de crear realidades más equitativas y justas.

  • #2

    Rosa Emma (domingo, 28 agosto 2011 18:39)

    Hola Claudia

    Muchas gracias por tu artículo.

    Que interesante lo que planteas con respecto al tamiz que debe ser nuestra experiencia frente a lo que recibimos de fuera y ese tamiz hace posible que acojamos todo aquello que nos enriquece, con lo que se nos abren nuevos horizontes y crecemos y desechemos lo que no nos construye y levanta nuestra dignidad como humanas.

    Al leer las imágenes citadas lo que primero sucede en mí es que late fuerte el corazón, que maravillosa experiencia!!!

  • #3

    Mónica Robledo (sábado, 10 septiembre 2011 13:56)

    Hola Clau! Hace días que no entraba en el blog. Ha sido genial encontrar este escrito. La verdad es que he descubierto una necesidad de narrar mi experiencia de D**s y no se si es poca valentía o temor a lo desconocido, pero a ratos postergo lo que sé que me dará mucha vida, retomar la experiencia, romper, saltar, dejar y compartir que siempre hace todo nuevo. Abrazos.

  • #4

    Claudia (domingo, 11 septiembre 2011 09:28)

    Nancy: es verdad, el pecado la comodidad la ligereza ha estado en absolutizar los símbolos, parece una instalación, bastante conveniente para algunos porque mantiene ciertos privilegios y discursos, para también nos exime de pensar, de reflexionar, de sentir, de vivir. Un abrazo y gracias

  • #5

    Claudia (domingo, 11 septiembre 2011 09:30)

    Rosa Emma, creo que en tu comentario planteas una experiencia dialéctica; sí lo que pasa fuera de nosotras-os, debe ser reflexionado y concienciado antes de ser asumido, en eso el encontrarnos con otras personas, otras mujeres, otros hombres en búsqueda, como quienes participamos aquí, será siempre de ayuda. Un saludo para ti también

  • #6

    Claudia (domingo, 11 septiembre 2011 09:32)

    Monica, qué grato es encontrarte y leer tus comentarios y artículos. La experiencia de vida y la experiencia de Dios, pasa por todos esos ciclos, de saltar, romper, mirar, con razón se dice que es como arreglar la alacena, donde escoges lo nuevo y lo viejo. Un abrazo, ¡te esperamos en twitter! ;)

  • #7

    fauimaribel (martes, 12 marzo 2013 14:20)

    hola,comparto hoy tu conceptos sobre dios <el-ella),creo que al fin conseguí personas que piensen y hablen de esa manera, creí y tuve toda mi vida el concepto de un dios copiado o prestado sin embargo por mi historia terrible de vida y llegar a un fondo emocional que casi me mata busque ayuda en todas partes sin embargo solo en un grupo de auto ayuda logre volver a nacer y estoy chevere, el problema fue que lo logre solo al concebir un dios propio y maravilloso y graciosamente,hoy ni con los compañeros del grupo puedo expresar lo que pienso por mi concepción de ese dios interno,hoy me gustaría poder decir o gritar al mundo que vale,se puede ser inmensamente feliz...pero te ven como si ahora si te volviste loca..jaja. espero pueda compartir con ustedes por lo menos por este medio...gracias x estar alli.

  • #8

    Nancy del Socorro Olaya Monsalve (martes, 12 marzo 2013 14:38)

    Cuanto me alegro de que puedas contar tu profunda experiencia. Dios/a está donde tu estás, precisamente, donde tu te encuentras!!! Así entiendo tu propio camino de renacimiento, Dios/a te encontró y tu te dejaste encontrar. Abrazos!!!