CONVERTIRME Y MORAR EN MI MISMA... (Segunda Parte)

Me uno nuevamente en este sendero de experiencias y reflexiones. Este capitulo me conecta con situaciones particulares de mi vida, que como puedo ver, a través de escritos, ocurre también con cada una de ustedes.

 

Recientemente mis búsquedas personales me han llevado a provocar el descenso al interior de mi misma, lo cual tiene que ver particularmente en mi caso con la paradoja que vivimos en el mundo actual: cada vez es necesario producir más en el mundo externo, aunque creamos menos en el mundo interno, ganamos más tiempo y espacio a nuestro alrededor, pero tenemos que admitir que estamos perdiendo la habilidad de lidiar con nuestro tiempo y espacio interno. La habilidad de mantener una postura holística e integradora de nosotras mismas y nuestras experiencias es un desafío en cada momento de nuestra vida. Desde este lugar, dos expresiones desarrolladas por la autora provocan resonancia en mi. Por un lado:  “Convertirse es afirmar la fortaleza, la dotación y la responsabilidad propias… la llamada a la existencia de muchos yo suprimidos”…, y  “El espíritu de Dios como símbolo femenino Shekinah, que significa “morada” o  “el que mora”.

 

Cuando al autora expresa el sentido de convertirse nos hace una invitación a conocer nuestra la fuerza, nuestros recursos y nuestras responsabilidades, en sus palabras “a conectarse con el poder que esta en nosotras”. Pero, Cómo ocurre esa conexión, en nuestra vida concreta?, es decir, Cuál es el significado detrás de las palabras?. Qué tan conectadas nos sentimos con nosotras mismas?, Cómo anda nuestra sintonía propia cuando:  sentimos que todo se derrumba?, que nuestras más sólidas creencias se quedan sin piso?, que estamos atascadas? En las situaciones difíciles qué significa llamar a la existencia a los yo suprimidos? Cuáles son esos “yo suprimidos”. En la diversidad de nuestra experiencia, qué creemos, sentimos y vivimos las mujeres como conexión con el poder interior?.

 

La preguntas son ejercicios de simple curiosidad, de querer investigar, de ir en pos de nuestra propia sabiduría, de detenerse a observarnos, mirando con honestidad lo que somos, pero sobre todo, como los dicen varias tradiciones, haciéndolo con amor incondicional. Creo que muchas veces podemos saber cosas intelectualmente, pero no necesariamente estos saberes están integrados a nuestra vida, al menos este ha sido mi descubrimiento recientemente, el cual,  por cierto ha sido revelador e inspirador en la construcción de una forma distinta de relacionarme conmigo misma. Convertirnos a nosotras mismas, es regalarnos el tiempo para conocernos, para encontrar el propio ritmo interno y seguirlo. Convertirse es una acción de compromiso permanente para ir al encuentro con nosotras mismas, sabiendo que la invitación constante es ir hacia fuera, es descentrarnos. Convertirnos es estar disponibles para nosotras mismas, aceptando aquellos aspectos que nos resultan poco agradables y que tendemos a evadir cuando aparecen así como aceptar aquellos aspectos que consideramos motivo de orgullo. Como lo expresa la autora “El encuentro silencioso no verbal con el misterio infinito constituye la condición que posibilita  cualquier experiencia de uno mismo lo cual se conecta con mi experiencia de Dios…, En y a través de la experiencia de conversión de las mujeres sus múltiples formulaciones posibilitan nuevos lenguajes de Dios”

 

Creo que para nosotras las mujeres no es tan fácil llamar a la existencia a los “yo suprimidos”. Primero, porque muchas veces están tan suprimidos que son completamente ajenos a nosotras mismas, por eso, es necesario reconciliarse con ellos, ser sus amigas, sus aliadas.  Segundo, creo que de algún modo los protegemos, por temor a que sean lastimados, como lo fueron en el pasado, por eso en su lugar exponemos abiertamente los “yo deberías” o los “yo condicionados”, que se sustentan en la fértil carrera loca de nuestro mundo moderno. Aquí la tarea nuevamente es ir a su encuentro, para dejarlos ser frente al diario mandato de mantenerlos cubiertos. 

 

La segunda expresión Shekinah como “la que mora” me remite nuevamente al interior de nosotras mismas, morar no es otra cosa que tomar tiempo y espacio para estar aquí y ahora, por eso creo que la presencia de la Diosa sabiduría esta justamente aquí y ahora con cada una de nosotras, y esa presencia se hace real en nuestra diversidad, en nuestras cercanías, en nuestros miedos y resistencias. Aunque muchas situaciones nos tienten a huir de nosotras mismas, a huir de la presencia de la Diosa Sabiduría en nosotras, podemos retomar el camino cuantas veces sea necesario, creo que hay momentos donde no podemos mentirnos, ni contarnos historias. Shekinah nos invita a sumergirnos en la profundidad de nosotras mismas, para pasar a través de sombras, para sumergirnos en nuestra propia experiencia de reconocer que es lo que requiere morir en nosotras y a la vez descubrir lo que no muere.    

 

Termino con unas palabras de Maureen Murdock: “cuando una mujer se toma el tiempo necesario para examinar su vida y deja de hacer cosas, puede empezar a aprender el arte de limitarse a sentirse a gusto consigo misma. Aprender a ser en lugar de hacer no es un lujo, es una disciplina.” Yo diría es el arte de convertirme en mi misma, de morar en mi misma y de esta manera permitir que la fuerza del espíritu de la Diosa sabiduría sencillamente fluya…    

 

Un abrazo para cada una

 

 Blanca Camacho Sandoval

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Nancy Olaya (sábado, 24 septiembre 2011 20:41)

    Como va tu viaje? Hablo del espiritual? Ya tendrás oportunidad de compartirnos, aunque por tus palabras puedo inferir algo. Me gustó mucho tu escrito, muchas gracias!!! Quiero compartirte lo siguiente:

    Hablas de los yo reprimidos... mmmm aún en nuestra cultura las mujeres sufrimos este fenómeno, sufrimos porque se busca que no contactemos con nuestra alma, que no desarrollemos nuestras capacidades, que no asumamos el riesgo de la libertad... en fin... la lista se haría interminable.

    Sigue con tu proceso... continua tu viaje de heroína!!! Ánimo!!! Un abrazo!!!

  • #2

    Claudia (domingo, 02 octubre 2011 17:37)

    Alguien me dijo una vez que las mujeres teníamos etapas de vivir en un exilio de nosotras mismas. La vida con sus embates parece ser un viaje heroico como el de la autora que mencionas. Pues este segundo capítulo, es una jornada más en ese viaje, un contacto profundo consigo mismas. Muchas gracias por tu aporte. Un saludo